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Bottoming is the new Top

José Ignacio Hita Barraza
Máster en Sexología y Género

BDSM. Unas siglas que hasta mediados de 2011 se asociaban al sadomasoquismo, al cuero y a un concepto de sexualidad oscura que producía rechazo nada más pensar en él. Fue entonces cuando llegó Cincuenta Sombras de Grey para darle la puntilla; avivó reprimidas fantasías sexuales[i] y levantó un montón de voces anti-BDSM que, en su ignorancia, reducían el amplísimo paraguas del universo BDSM a la relación tóxica amo/esclava entre Christian y Anastasia. La parte por el todo. ¿Qué es BDSM y por qué Cincuenta Sombras de Grey es una mala representación de ello?

Primero, debemos recalcar que existe un amplio acuerdo dentro de la comunidad BDSM en el que defendemos que en todas las prácticas que se realicen tiene haber consenso: prácticas consensuadas, seguras y con todos los participantes en pleno uso de sus facultades[ii]. No basta con que exista un consentimiento expreso, se necesita un consenso en el que se pongan en común los deseos y los límites de todos los participantes. Una de las partes cede el control a cambio de tener una experiencia sexual, llegando a un consenso sobre lo que supondrá esa cesión. Si se cede el control bajo coacción, no es BDSM. Si se cede el control en una situación desigual, no es BDSM. Si se consiente ceder el control, pero no hay deseo, tampoco es BDSM. Si no hay consenso, por supuesto que no es BDSM. Tal es el nivel de consenso, que la escena se puede detener de un plumazo con una palabra de seguridad acordada previamente, sin preguntas ni cuestionamientos, en BDSM está muchísimo más claro que no es no.

Pero, ¿qué es? BDSM son unas siglas que engloban prácticas de sexualidad alternativa que tienen un elemento común: la cesión del control. B de Bondage, donde una persona erotiza el sentirse inmovilizada, con elementos fijos como esposas o cepos, o con cuerdas dentro del arte del Shibari. D de Disciplina, donde una persona erotiza las prácticas disciplinarias que le condicionan una respuesta sexual, con el juego de las reglas y los castigos. D/s de Dominación y sumisión, donde se erotiza la entrega de poder a diferentes niveles. Y S/M de Sadomasoquismo, donde una persona disfruta de infringir dolor a otra que desea recibirlo y ella, de recibirlo. Estas prácticas no son aisladas y, muchas veces, se entremezclan, es común encontrar una persona que juega a ser disciplinada disfrutando del dolor infringido por los castigos al no seguir las reglas, o personas sumisas que erotizan ser inmovilizadas para someterse. Sin embargo, es casi una regla que el que cede el control lo hace siempre en todas las prácticas, y lo mismo con el que lo asume, apareciendo aquí dos conceptos que engloban todas las prácticas de cesión de control (bottom) y de asunción del control (top)[iii]. Top (arriba) es el atador de Shibari, el dominante, el amo, el que imparte la disciplina, el sádico. Bottom (abajo) es el que se deja atar, el sumiso, el esclavo sexual, el que recibe la disciplina, el masoquista. Son dos conceptos que detesto, porque separan de forma irreconciliable dos formas de erotizar y disfrutar de diferentes prácticas sin que se pueda transitar entre ellas, y porque pone arriba (más poder) a la parte que asume el control y abajo (menos poder) a la parte que asume el control, cuando debería ser al revés. En adelante, usaré PCC para referirme a la parte que cede el control y PAC para la parte que asume el control.

Partamos de la idea de que, de estas cinco partes tan distintas y, a la vez, con tanto en común, la parte de Dominación/sumisión 24/7 es la menos frecuente, que alguien ceda su voluntad de forma permanente, sometiéndose a otro en todo y llegando incluso a firmar un contrato es lo más difícil de encontrar dentro del mundo BDSM, sí es cierto que existe y que la intensidad de esas relaciones es altísima, pero no hay tantas Anastasias y señores Grey como podríamos imaginar. Lo habitual es que la dominación no sea completa en todos los aspectos (y menos en el tiempo) y que, dentro de unas escenas donde se definen los límites de forma clara (a menudo, por escrito), se experimente y se vivan situaciones donde la PAC dirige y controla lo que va pasando para satisfacer a la PCC.

Hay mucha literatura escrita sobre sesiones de sadomasoquismo[iv] donde la PCC navega por un montón de sensaciones intensas de dolor, o no tan intensas, a veces hay masoquistas que prefieren una montaña rusa de intensidades y otros prefieren una progresión creciente de sensaciones, podríamos decir que hay tantos gustos diferentes como masoquistas, pero en lo que sí están todos de acuerdo es que encontrar una PAC que sepa guiar una buena sesión es muy complicado[v], que sepa leer las sensaciones y estimular correctamente, que interprete la respiración de la PCC y le ayude a relajar los músculos, todo esto está infinitamente valorado, es oro.

¿Cómo se aprende esto? Podemos pensar que para ejercer bien de PAC habría que ejercer antes de PCC, probar qué se siente para ser después el que produce esos sentimientos, pero aquí llegamos a un dato interesante: no es frecuente que esto pase, el que ejerce de PCC no suele hacerlo de PAC, y mucho menos al revés. ¿Por qué no se puede ejercer de PAC unas veces y de PCC otras? Es un hecho comprobado que hay personas que, dependiendo de con quién, en qué situación, en qué momento, según qué prácticas, según se sientan ese día, pueden switchear entre ambas[vi], son switch. Y no es poco frecuente que se les desprecie: “Si eres dominante, no puedes ser sumiso, o una cosa o la otra“, “eso es porque no has dado con un buen dominante / sumiso que te dé lo que necesitas, está claro“, “sólo estás probando, ya confirmarás en cuál de los dos lados te quedas“, ¿no son estas frases hechas bastante habituales en otros ámbitos de la sexualidad? Sí, dentro del BDSM también hay fobias, y esta obsesión absurda por la binariedad se traduce en switchfobia.

Aquí hacen aparición los roles de género; los hombres suelen ser PAC y las mujeres PCC[vii], un hombre switch suele estar mal visto y una mujer que asume el control necesita de un rol que la empodere como el de dominatrix (el único perfil de dominante con género[viii]), sin embargo, un hombre no necesita ningún rol para poder ejercer su control como quiera. Hay un caso especialmente curioso, que es el del dominante masoquista[ix]: la persona que erotiza recibir dolor desde una posición en la no cede el control, ordenando y orquestando cómo la parte “sumisa” tiene que actuar para provocarle situaciones dolorosas. Habría que ver si realmente este rol es deseado o viene de un miedo irracional a salirse de la PAC y caer en la PCC, a reconocer que en determinadas situaciones, contextos o relaciones se puede pasar de la PAC a la PCC, y no verlo como algo humillante. Estoy convencido de que hay muchos hombres masoquistas para los que supondría una liberación entregarse a su PAC por completo, si no fuera por el rol de género que supone el que el hombre tenga que asumir siempre el control.

Entendamos de una vez que control y poder no siempre van de la mano, que, dentro de este contexto, somos nosotros los que ponemos los límites y definimos las reglas del juego. Que ejercer de la PAC es empoderar a la PCC[x], que la PCC disfruta de un círculo en el que puede probar sensaciones, roles y situaciones que son imposibles de vivir en el mundo real. Para ser la PCC, tiene que haber una PAC que te empodere, que te permita serlo, y que te deje ser la PCC que deseas ser. La responsabilidad no es sólo poder, es el regalo de poder jugar a ser quién eres con ese poder, y a perderlo si no juegas responsablemente.

Las reglas están claras:

  • La PAC tiene la responsabilidad de conocer a la otra parte, de controlar y conocer todos los riesgos asociados a las prácticas que se realizarán, de alinearse con la PCC y tener siempre presentes sus límites, sus líneas rojas y sus deseos, fijando la intensidad de la sesión de forma que sea lo suficientemente intensa para que la PCC disfrute, pero sin pasarse, y teniendo en cuenta que demasiada poca intensidad hará que la sesión sea aburrida. La PAC tiene el reto de innovar y sorprender a la PCC, explorar sus límites sin cruzar la frontera de sus límites duros, pero sin caer en la rutina de repetir lo que sabe que una vez fue un éxito. A la PAC se le presenta la oportunidad de hacer que la PCC viva una experiencia maravillosa que satisfaga sus deseos, que desee repetir, y, a la vez, el reto de disfrutar de la dominación con todo este peso sobre los hombros.
  • La PCC debe ser muy comunicativa dentro del juego de la escena y debe tener la capacidad de decir la palabra de seguridad cuando no quiera seguir adelante. Después de eso, debe disfrutar, dejarse llevar, confiar en la otra parte, sentir y entregarse.

Si todavía no hemos entendido que la PAC está al servicio de la PCC, pensemos en cualquier situación de nuestra vida en la que entregamos el control de forma consensuada (recordemos: sin consenso no es BDSM) y veamos quién está al servicio de quién. ¿Estoy al servicio del conductor de un taxi porque le cedo el control para que conduzca y me lleve a mi destino? ¿Estoy al servicio de un masajista porque le cedo el control para que me descontracture la espalda? ¿Estoy al servicio de un profesor de cualquier disciplina al confiar en él para que me enseñe? ¿Entonces por qué nos cuesta tanto entender que la persona atada está disfrutando de la experiencia que le proporciona la parte que ata? Quitémonos ya de la cabeza la idea de una pobre esclava sexual forzada a satisfacer los deseos de su amo y empecemos a pensar en una relación entre iguales donde la parte que asume el control está el servicio de la parte que lo cede. El poder está en la parte de abajo, llamemos bottom a la PAC y top a la PCC. Bottoming is the new Top.

Bibliografía:

  • Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Topping Book”. Greenery Press (2003). ISBN 10: 1890159360 ISBN-13: 9781890159368
  • Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Bottoming Book”. Greenery Press (CA) (2015). ISBN 10: 1890159352 ISBN-13: 9781890159351
  • Michael Makai. “Domination and Submission. The BDSM Relationship Handbook”.  (2013). ISBN: 1492775975 ISBN-13: 978-1492775973
  • William A. Henkin, Sybil Holiday. “Consensual Sadomasochism”. (2003). ISBN 1-881943-12-7.
  • Eva Illouz. “Erotismo de Autoayuda: ‘Cincuenta sombras de Grey’ y el nuevo orden romántico”. (2018). ISBN 9788415917120.
  • Lily Lloyd. “Discipline, Adding Rules and Discipline to your BDSM Relationship”. (2012). ASIN B00AMQJB8E.
  • Thomas S. Weinberg. “BDSM: Estudios sobre la Dominación y la Sumisión”. (1995). ISBN: 9788472903906.

Cuadernos de BDSMhttps://cuadernosbdsm.wordpress.com/


[i] Lejos de respaldar la moralidad burguesa convencional, “Cincuenta Sombras de Grey” presenta el proceso de establecer como cosa corriente prácticas sexuales fuera de lo común: esclavitud, disciplina, sadismo, masoquismo. Eva Illouz. “Erotismo de Autoayuda: ‘Cincuenta sombras de Grey’ y el nuevo orden romántico”. Página 14.

[ii] S.S.C. Acronym for Safe, Sane, and Consensual. For many years, SSC was a popular mantra of the BDSM culture. Michael Makai. “Domination and Submission. The BDSM Relationship Handbook”. Página 480.

[iii] We’re going to define “bottom” as someone who has the ability to eroticize or otherwise enjoy some sensations or emotions -such as pain, helplessness, powerlessness and humiliation -that would be unpleasant in another context. Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Bottoming Book”. Página 3.

[iv] La golpeo con la fusta. Llora. Me gustan sus lágrimas. Me gusta mi crueldad. Le pregunto si quiere que pare. Me dice que no, que le gusta. Que siga. Su dolor es lo que me ofrece. Ama Azu. Cuadernos de BDSM nº 13. Página 56.

[v] There are typically more bottoms than tops in any given S/M scene, and good tops -skilled, empathetic, ethical and uninhibited — are a rare and precious commodity. Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Bottoming Book”. Página 65.

[vi] Janet, who now identifies as a switch (which means a person who both tops and bottoms, usually not at the same time), used to call herself a “top who bottoms.” Many people enjoy bottoming, occasionally or frequently, but don’t identify as bottoms. Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Bottoming Book”. Página 4.

[vii] Las mujeres sádicas son tan excepcionales que los masoquistas viajaran centenares de kilómetros para ir a su encuentro. Thomas S. Weinberg. BDSM: Estudios sobre la Dominación y la Sumisión. Página 48.

[viii] The FemDom Mistress is something of an anomaly in the categorization of Dominants, for the simple reason that while practically all of the other categorizations of Doms are gender-neutral, the FemDom is always a dominant woman who makes the most of a unique combination of force and sexual role reversal. Michael Makai. “Domination and Submission. The BDSM Relationship Handbook”. Página 32.

[ix] […] will almost always raise questions about whether or not the submissive is “topping from the bottom.” Topping from the bottom is a technique used by some submissives to manipulate, control, or influence a Dominant’s decision-making process. It is quite often accomplished without the Dominant even being aware of it and, sometimes, without the submissive being conscious of it, either. It is my humble opinion that any submissive who routinely tops from the bottom should not be considered a true submissive. That isn’t to say she isn’t a good person. It just means she isn’t a submissive. Michael Makai. “Domination and Submission. The BDSM Relationship Handbook”. Página 56.

[x] When we bottom we feel fabulously powerful. This is the experience of most bottoms we know, and it is in complete contradiction to the popular stereotype of a bottom. Dossie Easton, Janet W. Hardy. “The New Bottoming Book”. Página 23.

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