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Soy lesbiana, pero solo en mis ratos libres

Lorena Segura Romera
Máster en Sexología y Género

Según la Real Academia Española (institución nada misógina y entidad que aboga por el lenguaje inclusivo…) la invisibilidad es la cualidad de ser invisible de algo o de alguien que literalmente: “no puede ser visto o que rehúye ser visto”. 

   La invisibilidad de las mujeres no es casualidad histórica ni política. Las mujeres no hemos elegido no poder ser vistas. Las mujeres hemos luchado y peleamos sin descanso por nuestro reconocimiento y soñamos con alcanzarlo precisamente porque no deseamos bajo ningún concepto ser relegadas a un décimo plano. Y, por supuesto, las mujeres tampoco hemos decidido rehuir ser vistas. Prueba de ello es nuestra constante pugna por nuestros derechos a lo largo de la historia de la humanidad. Si a esta imposición a la que nos hemos visto sometidas por el mero hecho de nacer en un maravilloso cuerpo de mujer, le añadimos el plus de desear algo que no es lo normativo, saltándonos un reglamento inventado y deseando a otras mujeres, apaga y vámonos.

   La infrarrepresentación de las mujeres en el ámbito académico y, actualmente, también en los medios de comunicación, ha sido y es determinante. Si apenas hemos tenido referentes de mujeres heterosexuales, ¿cómo vamos a tenerlos de otras orientaciones sexuales si corroboran que hay otra alternativa de vida que disfrutar? Y aunque creamos que los tiempos han cambiado y que vivimos mejor que nuestras abuelas (y realmente es así en muchos aspectos), por desgracia, la reciente emancipación de la mujer (tiene narices que se hable de que nos “emancipamos del hombre”, no nos libramos de las connotaciones del lenguaje ni con agua hirviendo)  no va de la mano con la libertad individual, sino que han reducido el dominio de la mujer sobre su propio cuerpo, enmarcándolo en una cosificación constante: nuestros cuerpos tienen valor sexual y reproductivo, nuestras mentes no se mencionan ni antes ni ahora.

   Nos han negado el derecho a existir como sujetos independientes una y otra vez. Si conseguir triunfos en el ámbito privado todavía nos cuesta, llegar al poder en las empresas (territorio masculino por definición) está siendo toda una odisea con pequeños éxitos por el camino. Sólo hay que ver las estadísticas de mujeres directivas tanto en nuestro país como en cualquier otro y echar un vistazo a la casi nula conciliación que se nos ofrece para darnos un golpe de realidad bastante brusco.

   El empoderamiento sáfico de la mujer no sólo corresponde al ámbito personal de cada una. El proceso personal de visibilidad pasa por reconocer y disfrutar del deseo hacia otras mujeres aceptándolo y haciéndolo público, pero… ¿a quién? ¿A la familia? ¿A los amigos? ¿En el trabajo? ¿A la sociedad en general? Hay quien precisamente aboga por mantenerlo exclusivamente en el ámbito privado, lo cual me parece de lo más respetable. Pero sin vivir nosotras libremente nuestra esencia, no podemos esperar gran cosa del exterior. El cambio comienza en el interior y, aunque por supuesto que contribuyen los referentes positivos, ninguno de ellos será suficiente si no nos abrazamos a nosotras mismas. Sin confianza en una misma, no hay nada.

   Además, están las “ventajas de la invisibilidad” (sobre todo en el trabajo) como ocultamiento preventivo ante cualquier reacción negativa: ¿para qué nos vamos a esforzar si puede acarrear consecuencias indeseadas? La homofobia interiorizada está ahí, en un rincón profundo (o no tanto) y para sacarla de su escondite tienes que rascar y rascar y rascar… hasta que eres consciente de la porquería interna que te han hecho albergar tanto tiempo, y decides que ya no quieres compartir tu espacio interior con ella nunca más.

   Esta cultura androcéntrica, misógina y lesbófoba, empieza a estar maltrecha, por suerte para tod@s. No voy a decir herida de muerte, pero sí dañada, incómoda, y comienza a derrumbarse y flaquear en este mundo occidental tan retrógrado y autosuficiente de boquilla. Hemos comenzado a, de nuevo en muchos casos, reconocer socialmente las diferentes sexualidades, a darles a cada una su espacio y compartir todas el mismo, porque al fin y al cabo, son innatas al ser humano, nadie ha inventado nada, sólo les hemos puesto nombre… y eso con suerte. Las relaciones de pareja entre mujeres, por hacer un inciso, se han considerado durante siglos como algo inexistente, se llegaba a hablar de “amistades románticas” con tal de no decir “mujeres que tienen sexo voluntariamente con otras mujeres”. Se consideraban amistades muy íntimas, que no amenazaban la supremacía sexual del hombre, porque… ¿qué pueden hacer dos mujeres entre sí? Cuando quieran… se lo explico. Hemos sido (y somos) tan invisibles que la sexualidad sáfica ni siquiera estaba contemplada como un supuesto punible durante la dictadura en España. Los hombres sí eran castigados. Así que, en nuestro caso, si algo no existe… ni mención ni castigo.

   Entonces, si ya de por sí aceptar el hecho de sentirte sexualmente atraída por otra mujer (seas lesbiana o no) no es fácil para muchas personas, exponerlo libremente en tu entorno laboral lo es menos, reconozcámoslo. El miedo a la exclusión en determinados sectores y la necesidad de supervivencia económica tampoco ayudan. Faltan referentes, pero referentes anteriores a nuestra época y referentes actuales, la visibilidad se nutre de ellos. No es cuestión de hacer una estadística ahora pero, ¿cuántos gays famosos podríamos enumerar y cuántas mujeres atraídas por otras mujeres que hablen de ello abiertamente? No es un accidente histórico, sino un objetivo político. Los hombres, homosexuales o no, siguen en otra liga diferente a la nuestra. Si no se habla de mujeres en la Historia que pintan, esculpen, escriben, inventan, crean, que solucionan problemas físicos, matemáticos… ¿qué sé yo?, es que NO hay mujeres capaces, punto. Y si a alguna mujer se le ocurre pensar en un referente lésbico, bisexual o lo que sea… suerte en la búsqueda. Haberlas haylas, claro que sí, pero sólo si indagas y te quitas siglos de capas de evasión de su existencia.

   Para añadir más leña al fuego, según el Eurobarómetro “Discriminación en la UE” de 2015, tanto la orientación sexual como la identidad de género siguen siendo vistas como una desventaja en las selecciones para puestos de trabajo. Las personas transexuales, además, están a la cola siendo las más afectadas por este grave problema.

  Y por si se nos había olvidado, en las empresas, los acuerdos se han cerrado mayoritariamente por hombres, aunque se están acostumbrando poco a poco a tener mujeres igual o más capacitadas enfrente de ellos (esto lo he visto yo con mis propios ojos, y aunque he experimentado un cambio hacia mi persona en el ámbito empresarial, hablar un hombre con otro les da, a muchos, cierto apoyo escrotal que nunca acabaré de entender). 

   También he de reconocer que me he cruzado con hombres de relevancia que han sabido comprender que en el mundo empresarial, da igual si usas sujetador o no. Y no creo que sea casual que esas personas hayan tenido en su vida referentes de mujeres fuertes: sus madres, sus hermanas, sus parejas… Referentes, volvemos a la importancia de los referentes, para crearnos una imagen del mundo en el que vivimos diferente a la que nos obligan a asimilar.

  Como anécdota, durante la búsqueda de información objetiva relacionada con el papel de la mujer en el mundo empresarial, me topé con un libro escrito por un señor muy preocupado por hablar de la importancia y la igualdad de la mujer en la empresa. El autor decía haber entrevistado a mujeres de relevancia en sus empresas, pero no daba sus nombres, decía que ellas habían optado por el anonimato. Algo un poco extraño, la verdad. Este bienintencionado caballero empezaba sus entrevistas con un cuestionario inicial. Todas las alarmas me dejaron sorda cuando una de las supuestas preguntas a esas supuestas mujeres era algo así como si consideraban que la belleza de la mujer podía ser una ventaja en el mundo de los negocios. Patético, muy patético, pero mucho más patético si está formulada por alguien que dice entender lo que está haciendo. ¿Habría preguntado este señor tan ilustrado a un hombre si su belleza masculina podría haberle ayudado a escalar puestos y cerrar contratos? Si algún día conozco a este noble autor (que lo dudo y mucho) le preguntaré, a ver si entiende la pregunta o se la tengo que escribir en una pizarra en mayúsculas.

   Nosotras, además de batallar contra los que nos ven diferente por ser mujer, podemos ser heroínas o tomarnos con naturalidad el salir del armario en el trabajo, pero las empresas necesitan gestionar la diversidad correctamente y no por cuestión de aplicación de legislación pro LGTBIQ+ (que también), sino por el sentido común de crecer de la mano con la sociedad. Las leyes no educan, ayudan enormemente a forzar cambios, pero no educan. Las personas y los actos de las mismas, sí. Las empresas las conforman personas, y esas personas se acuestan con otras a su vez (o no), viven su vida lo más plenamente que les es posible. Hagámonos la vida fácil l@s un@s a l@s otr@s, seamos pequeñ@s grandes referentes, visibilicemos diferentes realidades y no convirtamos una parte más de nuestra vida: el trabajo, en un momento de ocultación de un@ mism@.

   Soy la primera que no ha expuesto en el tablón de anuncios de sus trabajos su atracción hacia otras mujeres, pero sí lo he compartido con personas cercanas a mí en el entorno profesional, o lo he puesto encima de la mesa ante situaciones en las que me resultaba imposible soportar el menosprecio ante “personas como yo”. Pero ahora, necesito participar más en la visibilidad cotidiana. Quiero ser parte del cambio: del cambio personal y del social, porque si puedo contribuir a cambiar tanto los prejuicios de la gente como los míos propios dentro y fuera del trabajo, con eso me será suficiente.

   Así que… sí, soy lesbiana…, pero ya no sólo en mis ratos libres.

BIBLIOGRAFÍA

       generación, Barcelona, Ed. Gedisa, 2006.

  • Herrero Brasas, J.A. La construcción de una cultura queer en España, Madrid, Ed. Egales, 2007.
  • Mújika Flores, Inmaculada. Visibilidad y participación social de las mujeres lesbia en Euskadi. Conclusiones de un trabajo realizado con una beca de investigación aplicada (Convocatoria de la institución del Ararteko. Periodo 2005-2006 -BOVP de 1111-2005) finalizado en Bilbao septiembre de 2007.
  • Ramírez, Víctor M. Los homosexuales durante el franquismo: vagos, maleantes y peligrosos.Eldiario.es. 17 de mayo de 2016. Disponible en: https://www.eldiario.es/canariasahora/premium_en_abierto/Homosexuales-vagos-maleantes-peligrosos_0_516549100.html

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