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Sexualidades y lactancia: cuando amamantar es un acto de subversión

Rocío Rivas Martín
Máster en Sexología y Género

      Vivimos en un mundo diverso donde existen tantas sexualidades como personas: la expresión del género, la identidad sexual, la orientación sexual, las prácticas sexuales, no están limitadas por la biología ni por los binarismos. La realidad es que existen tantos constructos como seres humanos y nos encontramos ante un amplio abanico de personas con diferentes características, deseos e identidades.

     Independientemente de la orientación sexual, la identidad de género o su expresión, etc., cada uno debería tener libertad preformativa para hacer con su cuerpo aquello que sienta y desee. Sin embargo, los estereotipos que van unidos al género nos traspasan a todos, y las patriarcales normas de comportamiento siguen imperando  y oprimiendo a todos los miembros que formamos la sociedad. La maternidad es una de ellas. Pero no es mi objetivo abogar por ella o estar en su contra, ni intentar definir qué es la maternidad, qué es ser madre, qué es ejercer labores de maternaje, o para no entrar en términos discriminatorios,  referirnos directamente a la crianza.

    En un país como el actual, en el que la reproducción asistida supuso al menos el 9% de los nacimientos en 2017[i],[ii] (siendo mucho mayores los porcentajes de personas que utilizan técnicas de reproducción asistida y los embarazos que finalizan en aborto), donde las mujeres sin pareja, las mujeres lesbianas y los hombres trans pueden gestar; en un país donde conviven en cierto modo la adopción y la controvertida subrogación uterina, donde alguien puede donar óvulos y otre recibirlos, los caducos roles de género y la naturalización de la biología de los cuerpos empiezan a tener cada vez menos sentido, y sin embargo, sigue existiendo un “arquetipo” social imperante sobre lo que es o debe ser una “buena madre”, un buen padre o lo que es ejercer la mejor crianza.

    Y en este vasto campo de diversidad, hablar de sexualidades nos obliga a hablar ineludiblemente de la lactancia, porque como dice Casilda Rodrigáñez[iii]“[…] la lactancia es un despliegue impresionante de la sexualidad humana[…]”. Pero unir sexualidad a crianza nos lleva, indefectiblemente, a pensar en el tabú del incesto. Una persona que alimenta con su pecho a una criatura tiene una representación social aceptada siempre y cuando esté despojada de cualquier gesto de expresión sexual: es decir, se acepta si se ve anulada su sexualidad, y siempre y cuando cumpla unos requisitos: se identifique como mujer, se exprese como tal y sea la madre biológica del bebé. 

      Si ser madre/padre/criador-a fuera de lo normativo aún es un estigma, elegir amamantar como forma de alimentación del nuevo ser es un revulsivo extra. Es más, ¿qué pasa cuando hablamos del placer físico del amamantamiento y de la posibilidad del orgasmo?, y ¿qué ocurre cuando nos rebelamos contra lo normativo y hablamos de lactancias llevadas a cabo por personas que no se someten a los mandatos de género? ,¿qué pasa cuando se suman y se visibilizan todos estos tabúes?

     Es por todo esto que existen una serie de situaciones en las que amamantar es un acto de subversión que transgrede lo “políticamente correcto”: hablar de sexualidad, excitación y lactancia, hablar de lactancia en mujeres lesbianas que no han gestado y hablar de lactancia en hombres transexuales es hablar de personas insumisas al sistema imperante.

Placer, Orgasmo y Lactancia: 

     El patriarcado, en su control sobre el cuerpo femenino, redujo la lactancia al ámbito doméstico, y más en tanto en cuanto lactar implica la eyección (o eyaculación) de un fluido corporal en su definición más roma[iv]. Eyacular es un acto masculino, que se identifica con el poder sexual, y por tanto, todas aquellas emisiones o eyaculaciones procedentes de cuerpos de mujer han sido invisibilizadas a lo largo de la historia.

     Volviendo a citar de nuevo a Casilda Rodrigáñez, socialmente “[…] la lactancia se muestra descafeinada, desposeída de esa libido y del placer que la acompaña, y con un vínculo apenas corporal […]”. Y estos son los amamantamientos socialmente aceptados, aquellos que son asexuados, desposeídos de placer, moralmente asépticos y sumisos. 

     Algunas personas, durante el amamantamiento, experimentan placer sexual y en ocasiones orgasmos.  Pero nuestra cultura no consiente estas pulsiones sexuales porque no contempla la lactancia como parte de la sexualidad humana, ya que identificamos la sexualidad con la genitalidad y estas pulsiones se rechazan o se inhiben,  y no hay que “dejarse llevar” por ellas[v]. Por todo esto, no es extraño que, cuando esto sucede, las personas lo oculten en secreto y continúen con la lactancia, o bien, ante un profundo sentimiento de culpabilidad por el incumplimiento de las normas sociales, decidan suspender definitivamente esta forma de alimentación.

     Durante el amamantamiento se produce estimulación del pezón y areola, zonas corporales ricamente inervadas y con gran sensibilidad, y participan sustancias tan importantes como la oxitocina (la hormona del placer y el orgasmo) y las endorfinas (implicadas en la relajación). Por tanto, si nos ceñimos a lo estrictamente fisiológico, se le puede dar cabida al placer de amamantar sin más implicaciones éticas ni morales, sino simplemente como un disfrute individual que nada tiene que ver con la erotización de la criatura ni de otra persona. La lactancia es, entonces, un acto de placer insumiso, porque se emancipa de la sexualidad hegemónica falocéntrica y normativa4.

     Es por tanto, una vez más, la normatividad heteropatriarcal imperante lo que inhibe la sexualidad de cada individuo, convirtiendo en tabú algo que nada tiene que ver con el incesto o la pederastia, sino con una etapa más de la sexualidad del cuerpo.

    Del mismo modo, tampoco se habla acerca del hecho de que una persona que amamante, cuando tiene una práctica sexual que le resulta placentera y tiene un orgasmo, durante el mismo puede emitir leche a través de sus pezones (a veces en chorros, otras en gotas).  No muchas personas que se leen como mujeres lo saben, es algo de lo que no se habla en público, y sin embargo, dentro de la pornografía mainstream es una categoría buscada por las personas usuarias del porno. Igual que ocurre con la “eyaculación femenina” o “squirting”, la eyección de fluidos por parte de un cuerpo de mujer, como hemos dicho antes, han sido negados, invisibilizados y sometidos al ámbito de lo privado[vi], o convertidos en morboso objeto del deseo masculino, pero no como algo empoderante sino más bien como rareza u objeto de vergüenza. 

Lesbianas no gestantes:

     Algunas mujeres lesbianas, que no han estado embarazadas deciden alimentar con su leche a su bebé, parido por su pareja, ¿es esto transgresor?. Un cuerpo de mujer, que no se ciñe a la heterosexualidad imperante y que no ha pasado por un embarazo, pero que sin embargo decide utilizar sus pechos para alimentar a otro ser vivo, es sin duda un acto múltiple de “rebeldía social”.

      La lactancia compartida en parejas de mujeres existe, no sólo como una forma de nutrición del cuerpo, sino como una manera de nutrir el  vínculo de crianza con el neonato. Las familias que amamantan de forma conjunta recomiendan y repetirían la experiencia, ya que experimentaron mayor vinculación, intimidad y cercanía con el bebé, así como un refuerzo en las relaciones de pareja[vii].

     Para poder llegar a ello, se necesita atravesar un proceso de inducción a la lactancia, que en muchas ocasiones requiere asesoramiento por un profesional experto además de medicación, fitoterapia y/o estimulación manual o mecánica de la glándula mamaria para conseguir producción de leche[viii]. Es el mismo procedimiento que se llevaría a cabo en el caso de desear amamantar a un bebé adoptado, pero en el caso de mujeres lesbianas, socialmente el tabú es mayor porque, una vez más, se visibiliza una sexualidad que se sale de la heteronormatividad. 

Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Sociología y Antropología de Ottawa[i], a pesar de que amamantar es un acto “natural”, para la sociedad la lactancia en familias de mujeres lesbianas es un conflicto, porque se considera una práctica atravesada por el genero y la heterosexualidad. Las experiencias de estas mujeres del estudio muestran que el amamantamiento tiene un lugar complejo en la construcción del género, la orientación sexual y la identidad como madres, y desdibuja los limites “biológicos” sobre lo “supuestamente” natural, que no son otra cosa sino  construcciones culturales y sociales. 

     Es por tanto la lactancia un acto subversivo más que pone en cuestionamiento todos los roles y estereotipos de género que conforman nuestra sociedad.

Personas Trans:

     Las personas transgénero pueden decidir amamantar a su criatura, independientemente también de si la han gestado o no. Socialmente, prevalece la idea de que el deseo de gestar o amamantar es exclusivo de las mujeres, y así, el conflicto con la identidad propia se ve reforzado por el sistema sanitario, que tiende a patologizar o deslegitimar la identidad individual de los hombres trans, bajo el supuesto de que gestar o lactar y ser hombre es algo incompatible[ii].

     En el caso de hombres transexuales, se suele preferir la utilización en inglés de la palabra “chestfeeding” en lugar de “breastfeeding”, (traducido al español sería algo así como “alimentar con el torso” en lugar de “alimentar con los pechos”), porque en algunos casos podrían sentirse incómodos con el uso de la palabra “pechos” o “mamas”.[iii]

    El hecho de haber tenido una cirugía superior (Top Surgery) o no, de haber usado vendaje o “binding” sobre los pechos, o haber tomado o no hormonas, puede conducir al uso de unas u otras técnicas para inducir la lactancia, con mayor o menor esfuerzo. Según los datos facilitados por Isidro García Nieto, trabajador social y sexólogo, especializado en la intervención con el colectivo LGTBIQ+, en el postparto, los datos sobre lactancia indican que aproximadamente el 51% de los hombres trans la llevan a cabo (Light et al., 2014). Aunque la mayoría de los hombres trans que han tenido una mastectomía no podrán dar el pecho, en algunos casos sí ha sido posible (Wolfe-Roubatis & Spatz, 2015). 

    Una mujer transexual también podría alimentar a su bebé si lo deseara, y del mismo modo, el asesoramiento que pueda necesitar dependerá de si está llevándose a cabo o no una transición, en qué etapa se encuentra, y de cada cuerpo y cada mujer, siendo cada experiencia y cada vivencia única. 

     La cuestión es que las personas transgénero pueden elegir o no libremente qué hacer con sus pechos y esto incluye también la lactancia, rompiendo una vez más con los roles de género asignados y con los prejuicios y presupuestos sociales que existen en el imaginario colectivo. 

      Independientemente de la disputa entre lactivistas y opositores a la lactancia, en mi opinión no se trata de hacer apología de la misma o ponerse en contra como forma de liberalizar los cuerpos clásicamente leídos como mujeres. Más bien todo lo contrario, se trata de que ninguna de las dos opciones entren en confrontación, sino que sean simplemente eso, posibilidades para todas las personas.

      Amamantar, como afirma Massó Guijarro[xii], tiene que ver con la sexualidad y con el poder. Y la lactancia como práctica de alimentación unida a la diversidad sexual rompe con lo que implica el género de forma tradicional, es subversiva, porque visibiliza aún mas la identidad y orientación sexual de las personas que lactan y además, quebranta el poder de la hegemonía heteropatriarcal que somete a los sujetos diversos a una sexualidad normativizada.

     No es por tanto una naturalización del género ni de los cuerpos femeninos, ni tampoco se trata de limitarse a la lógica biologicista que podemos aplicarles.  Se trata de visibilizar  la sexualidad en todos los ámbitos, de sacar de la esfera de lo íntimo y lo oculto el conocimiento de los cuerpos propios y ajenos, y de agenciarse de la corporalidad propia, pudiendo utilizar los pechos cada cual como desee.  La cuestión es reapropiarse y darle un nuevo significado a los cuerpos y a los actos que se pueden llevar a cabo con ellos, y tener la libertad individual de sentir y hacer lo que cada persona desee y decida con el mismo, con el uso o no de los avances tecnológicos. Por todo esto la lactancia es un acto subversivo.

BIBLIOGRAFÍA


[i] Phyllis L. F. Rippey & Laurel Falconi (2017) A Land of Milk and Honey? Breastfeeding and Identity in Lesbian Families, Journal of GLBT Family Studies, 13:1, 16-39, DOI: 10.1080/1550428X.2015.1129297

[ii] Platero Mendez, R.L.; Ortega Arjonilla, E. Investigación sociológica sobre las personas transexuales y sus experiencias familiares. Ed. Transexualia y Ayuntamiento de Madrid. 2017.

[iii] Trevor MacDonald. Transgender parents and chest/breastffeeding. [Updated on January 15, 2018]. Disponble en: https://kellymom.com/bf/got-milk/transgender-parents-chestbreastfeeding/  y en: http://www.milkjunkies.net/

[i] Encuesta de fecundidad. Año 2018. Instituto Nacional de Estadística. Disponible en: https://www.ine.es/prensa/ef_2018_a.pdf

[ii] Ministerio de Sanidad. Nota de Prensa. Se mantienen los tratamientos de Fecundación in Vitro y disminuyen los de Inseminación Artificial en 2017. Disponible en: https://www.mscbs.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=4691

[iii] Rodrigáñez Bustos, Casilda. La Sexualidad y el funcionamiento de la Dominación: Para entender el origen social del malestar individual. La rebelión de Edipo II parte.

[iv] Massó Guijarro, Ester. Lactancia materna y revolución, o la teta como insumisión biocultural: calostro, cuerpo y cuidado. DILEMATA, año 5 (2013), nº11, 169-206. 

[v] Rodrigáñez Bustos, Casilda. Pariremos con placer. 2010. 4ª edicion.

[vi] Torres, Diana J. Coño Potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos. Ed. Txalaparta, 2015. 2ª edición.

[vii] Moon, J. Two-Parent Co-Nursing in Queer Families

Disponible en: https://www.growingseason.care/co-nursing-queer-families

[viii] Breastfeeding in a same-sex female relationship. Disponible en: http://www.sweetpeabreastfeeding.com/breastfeeding-in-a-same-sex-female-relationship.html#

[ix] Phyllis L. F. Rippey & Laurel Falconi (2017) A Land of Milk and Honey? Breastfeeding and Identity in Lesbian Families, Journal of GLBT Family Studies, 13:1, 16-39, DOI: 10.1080/1550428X.2015.1129297

[x] Platero Mendez, R.L.; Ortega Arjonilla, E. Investigación sociológica sobre las personas transexuales y sus experiencias familiares. Ed. Transexualia y Ayuntamiento de Madrid. 2017.

[xi] Trevor MacDonald. Transgender parents and chest/breastffeeding. [Updated on January 15, 2018]. Disponble en: https://kellymom.com/bf/got-milk/transgender-parents-chestbreastfeeding/  y en: http://www.milkjunkies.net/

[xii] Massó Guijarro, E. Deseo lactante: sexualidad y política en el lactivismo contemporáneo. Revista de Antropología Experimental, 13. Texto 31. 2013.

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