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#MeQueer: El desahogo de un colectivo

Marta Busturia Alonso
Monitora de Educación Sexual
con perspectiva de género.

Intentando encontrar el tema sobre el que desarrollar este artículo y después de lanzar a la basura más de una, de dos y de tres pelotitas de papel y así hasta completar el concurso de triples de la NBA, por fin, surgió. A ver… nada que no estuviera ya inventado, aunque encontrar el material que yo necesitaba para poder trabajar me costó un ratito. 

Quería escribir acerca de esas pequeñas cosas que, en el día a día, nos suceden a las personas que estamos englobadas en el ‘letrario’ LGTBIQ, refiriéndome a ese goteo diario de situaciones encontradas y no buscadas. De sucesos amargos o divertidos. De respuestas sin respuesta. De enfados. De sentir en las entrañas indignación y rabia. De huir. De réplicas valientes.  De contestaciones ocurrentes, incluso graciosas. 

Algo que sirviera para mostrar los comportamientos heterosexuales cuando tienen en frente a personas que no son heterosexuales. 

Algo que sirviera para mostrar que, a estas alturas, en el año 2020, a pesar de que a algunas personas heterosexuales se les llene la boca argumentando que ya no es necesario reivindicar nada sobre este asunto, esa supuesta normalidad y moralidad integradora (gracias), salta por los aires en cuanto rascas un poquito en su superficie. 

Y así, en esta búsqueda, me he topado con un movimiento denominado #MeQueer, integrado por personas LGTBIQ, en donde se hacen eco de variopintas situaciones, más o menos desafortunadas. Todo un descubrimiento. Sí, dos años tarde, pero el refranero español, que es muy sabio, dice sabiamente: “Más vale tarde que nunca”. 

En este artículo, me gustaría no sólo plasmar y reflexionar sobre algunas de las situaciones homófobas o contenidos dramáticos, que en mayor o menor medida, todas hemos vivido, sino también, recoger anécdotas o curiosidades que no esconden tras de sí ni un ápice de fobia u odio hacia las personas LGTBIQ, y sí, realmente, simple desconocimiento o incluso inocencia, y que, una vez verbalizadas, son capaces de encender algo dentro de nosotras mismas para darnos cuenta de que utilizamos expresiones que lanzamos como autómatas, y que, en pensamiento y alma, aunque no estemos de acuerdo con su contenido, no nos  detenemos a pensarlas con la objetividad requerida. Palabras que, en muchos casos, ni siquiera aportan un valor añadido a la conversación de la que forman parte. 

Qué es

#MeQueer, es una campaña surgida en Twitter, en la que se recogen pequeños testimonios de personas que han sufrido episodios de homofobia. Historias reales, que al no sobrepasar el nivel de lo escandaloso (y antes de existir este altavoz) se habrían limitado a ser compartidas en el ámbito personal del círculo de intimidad social o familiar, o quizá, internadas y recluidas en nuestras tripas, sin posibilidad alguna de desahogo.

El iniciador de este movimiento es Hartmut Schrewe, quien, bajo el hashtag #MeQueer, escribió en su cuenta de Twitter en agosto de 2018, un párrafo en el que mostraba el cansancio ante la negación sistémica de una realidad:

“Mi marido es mi marido y no mi amigo. ¿Cuándo terminará esto?”.

Hartmut Schrewe es un hombre de nacionalidad alemana y parece ser que es escritor, aunque éste es un dato que no puedo contrastar, ya que no he logrado localizar ningún escrito de él. Tampoco he encontrado ninguna información sobre su trayectoria, biografía u otros datos complementarios, por lo que no he podido ahondar en su trabajo, en su modo de entender la vida o en sus actitudes humanas. Nada que completara y que me hiciera formarme una imagen más exacta o ajustada sobre su persona. 

Me quedo con las ganas de conocer algo más sobre Hartmut Schrewe.

Testimonios

Estos son algunos de los testimonios, extraídos, tal y como los dejaron escritos sus propios autores, en la plataforma Twitter, utilizando el hastag #MeQueer, en el año 2018:

“Un profe del cole llamó a mi madre y le dijo que necesitaba 1 psicólogo porque no me gustaba el fútbol. Mi madre le dijo: ¿a usted le gustan las flores? y le dijo: no. Entonces mi madre le contestó: pues necesita 1 psicólogo porque no es normal que no le gusten las flores”.

“Siempre pensé que me suicidaría antes de llegar a los 30. No era capaz de imaginarme un futuro después. Un día me imaginé como una mujer mayor, con el pelo cano, bajo una manta viendo una peli. Y por primera vez en mi vida tuve un futuro que querer vivir”.

“Sufrí acoso escolar por marica de 1° a 4° de ESO. Un día en 4° unos compañeros me mearon encima en el vestuario tras Ed. Física por mirar mucho a un compañero. Ese día, casi cometo una locura. Por suerte, quedó en un ‘casi’ y ahora puedo contarlo. Muy poca gente lo sabe”.

“Decirle a alguien que eres gay, y que intente halagarte diciéndote ‘pues no se te nota”.

– Soy bisexual.
+ ¿No querrás decir lesbiana? 
– No, bisexual.
+ Los bisexuales son gays o lesbianas confundidos. 
– Me gustan las mujeres y los hombres. 
+ Es una fase. 

“Vivir con naturalidad tu orientación sexual. Tomar la decisión de presentarte a unas elecciones. Estar en un bar de tu pueblo. Oír por lo bajini al otro extremo de la barra: 
-Mira es ése. Sólo nos faltaba tener un alcalde maricón”.

“Estar liándome con una tía en público y que alrededor haya tíos mirándonos como si fuéramos un espectáculo para ellos”.

“Cuando mi madre y mi padre sentaron a mi hermano para decirle que yo era gay, mi hermano sonriendo les contestó: Menuda novedad. Si compartimos ordenador y nunca borra el historial de búsqueda en Google”.

“En 2º de la ESO íbamos de viaje de fin de curso unos días y un profesor preguntó a la clase que quienes dormían conmigo en la habitación. Acto seguido les dijo: Pues poneros un tapón en el culo”.

“¿Dónde estamos las bolleras en #MeQueer? Las feministas bolleras… Esa es nuestra experiencia: raras, invisibles, ajenas, discretas, calladas, sufridas, entre bambalinas… porque cuando damos la cara y alzamos la voz, el machismo y la misoginia nos señala… Yo soy bollera”.

“Ir con tu novio en el Metro y que un individuo te diga al salir del tren:
¿Sois maricones? Como os bajéis en la misma parada que yo, os rajo”.

“Aunque siempre muy bien, mi salida del armario fue un ejemplo de homofobia interiorizada de mi madre. Ella: No voy a ser abuela. YO: Soy maricón, no estéril. Creo que lo entendió a la perfección”.

“Que en tu trabajo (centro educativo) una docente realice ante el alumnado comentarios homófobos contra ti, denuncias ante la inspección educativa. Te reconocen que son comentarios inapropiados, pero te indican que no es acoso, son desavenencias personales”.

“Situación: Cena de Navidad. Toda la familia. Mi abuelo (como siempre dice) diciendo que soy su nieto favorito. Salta un familiar ‘¡pues te imaginas que es gay!’. Risas de TODA la familia. Respuesta de mi abuelo: “el problema lo tendría él que en mi casa no entraría”.

Tener que pasar mil veces por situaciones así:
+ Me gusta esa chica.
-Le gustan los chicos.
+ Yo soy un chico.
-Ya, pero los ‘chico chico’
.

Seguramente, si realizamos un pequeño acto de reflexión y memoria, todas nosotras podemos encontrarnos en el papel principal o secundario de alguna anécdota #MeQueer vivida en algún momento. 

Estas son algunas cositas guardadas en mí:

Año 2000, en un cumpleaños. Entre los asistentes a la fiesta se encontraba Isa, la novia de mi hermano, mi cuñada. En esto que, en el transcurrir de la tarde, Isa se acerca a mi novia y le dice gritando y con los brazos abiertos:

-Cuñadaaaaa -dándole un abrazo.

Seguidamente, veo que a Isa se le acerca su amiga Itxaso que le dice en voz baja: 

– “Tía, no bebas más que tu cuñada es la otra”.

Año 2012, trabajando en el bar. Una conversación de dos hombres del pueblo que estaban tomando algo en una de las ventanas a la entrada del local:

-¡Joer! No hay nadie en la calle, está todo más vacío… los bares, las tiendas…
+Mira, aquí, sólo nosotros.
-Sí, la verdad está todo muy vacío.
+Mira este bar, con lo maja que es la chica y sólo estamos nosotros. ¡Oye! y no sé si sabes que es lesbi.
-¡Ah! Pues no, no lo sabía.
+¡Sí! Es lesbiana y también es vegetariana.

Ellos no sabían que yo lo estaba escuchando. Salgo de la barra, me acerco hasta la ventana donde estaban charlando y le digo al que estaba presentando mis credenciales:

-¡Ya te vale! Ir diciendo de mí que soy vegetariana.

Año 2012, un chico, una noche, un insulto:

– “… lesbiana de mierda”

Y me dije a mí misma con ironía: ¡Así, sí!, con apellido y todo… Porque solo lesbiana me sabe a poco. Pero lesbiana de mierda, ya va tomando forma. ¡Lo estoy haciendo bien!

Año 2015, un conocido en un casting para un programa de la televisión. Su papel a interpretar era el de un chico homosexual, y él, precisamente es gay. Al final del casting le dicen que no le han seleccionado. Una chica de las que está con él le dice:

-No te han cogido porque no vas vestido “muy de gay”.
+¡Pero qué dices! ¿Qué pasa? ¿Es que hay tiendas para gays o qué? Pues no sabía yo. Mira que llevo toda mi vida siendo gay… y a ver si ahora no voy a saber vestirme.

Año 2015, camarero extra en fiestas del pueblo le cuenta a una amiga en dónde va a trabajar

– Ah, ya sé que bar, en el de las lesbis.

Ya hemos dejado de tener nombre propio. Ni nuestras personas, ni nuestro bar. Porque mi cualidad más destacable es que soy lesbiana.

Año 2017, tomando algo. En una conversación que estaba manteniendo una chica con otras personas, entre otras cosas, dice:

-Porque yo soy muy mujer y a mí me gustan “los machos” -alabándose el gusto.

Es que… no entiendo a las lesbianas, porque yo soy muy mujer y me gustan los machos. No las entiendo, a ver ¿qué hacen dos mujeres? Porque “los machos”… bla, bla, bla -repitiéndolo varias veces.

Hasta que al final, aunque no la conozco de nada, decido dirigirme a ella:

+Holaaaaa –le digo.
-Hola –me responde ella.

+ (Mientras me señalo con la mano desde la cabeza a los pies) Oye, que quería decirte que yo también soy muy mujer. De hecho, soy mujer, que con eso ya me vale. Porque, a lo mejor, tú ves otra cosa que yo no veo, ¿eh? Pero vamos, que ya ves que soy mujer. Y estoy casada… ¡con una mujer!
-Buenooo, yo no quería decir… –se disculpa ella.
+Tranquilaaaa – y me fui.

Año 2019, trabajando en el bar. Entran cuatro chicos del pueblo y piden de beber.  Esto va a parecer un chiste pero quiero detallar algo más sobre ellos  para que quede reflejada la actitud de dos de ellos (edades aproximadas).

Ertzaina (50 años).
Hostelero (dueño de un bar frente al mío, 35 años).
Buzo (38 años).
El gracioso, al que no conocía (38 años).

Me dice el gracioso:

-Por cierto, ¿conoces a Soraya?
+Pues no, ya lo siento, la verdad que no conozco a ninguna Soraya.
-Sí, hombre, Soraya. Una chica morena que ha solido venir aquí.
+Pues de verdad que no, ya lo siento, es que no conozco a ninguna Soraya.
-Que sí hombre, ¡Soraya! Esa… ¡con la que haces la tijera!

Se me salían los ojos de las cuencas. Primero, porque no entendía nada. Segundo, porque en qué momento él pensó que eso podía ser gracioso.

+Mira, yo no tengo ningún problema con lo que yo soy, pero me parece que tú sí tienes uno bastante grande con lo que eres tú.

El Ertzaina no abrió la boca. El “compañero” hostelero que tantas banderitas arcoiris había colgado en su bar durante la celebración del Orgullo, no movió ni las pestañas.

Iraultza, el buzo, le dijo: 

-Tío, ¡te has pasado mil pueblos! ¿Pero qué coño es lo que has dicho!¡Discúlpate ahora mismo!

Ese chico gracioso, nunca se disculpó. Alguna vez le he visto por el pueblo y no ha podido mirarme a los ojos. 

Sucedió en la antigüedad

A lo largo de la historia, la orientación sexual y las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo han sido recogidas de diferentes maneras y en distintos ámbitos. 

Por citar varios ejemplos:

Desde la filosofía, con Platón en su diálogo El Banquete, siglo IV a.C., en el que Alcibíades manifiesta su deseo carnal hacia Sócrates (Eros Pandero o amor físico), y el rechazo por parte de Sócrates, haciendo una defensa de un amor que mira desde el alma en busca de lo eterno (Eros Uranio o amor puro y perpetuo).

En escritos de la poetisa Safo de Mitilene, siglo VII a.C., representando un fragmento del poema El adiós a Atthi:

Recostada en el blando lecho,

delicada muchacha en flor,

el deseo dejabas tu ya salir.

Y ni fiesta jamás ni danza,

ni tampoco un sagrado bosque

al que tú no quisieras conmigo ir”.

En el Antiguo Testamento, los capítulos 18 y 20 del Levítico contienen los siguientes versículos:

“No te acostarás con un hombre como si te acostaras con una mujer”. (Levítico 18:22)2 

“Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame.” (Levítico 20:13)3

En el Nuevo Testamento, Epístola a los romanos, 1:26-27, Pablo de Tarso escribe:

“Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión.”

En la época del imperio romano, en los ambientes militares, donde también se practicaba el amor y placer homosexual, se podría entender, incluso, como señal de hombría, ya que, la valentía en la batalla por la defensa del enamorado no podía quedar en entredicho. No existía ese prejuicio contemporáneo entre hombría y homosexualidad.

Algunos emperadores mantenían relaciones homosexuales. Aunque éstas no se ejercían de igual a igual, si no que, además de satisfacer el deseo, la práctica estaba orientada de manera que prevaleciera el estatus y poder sobre la otra persona.  El emperador ejercía siempre como “sujeto activo”.

Simplemente, he querido reflejar aquí algunos datos históricos que, aunque de manera superflua, sirven para poner de manifiesto lo que todos ya sabemos: que las diferentes opciones de orientación sexual conviven con la humanidad de manera perpetua.

Conclusiones

Es tan trágico sentir cómo la homosexualidad, siendo inherente al ser humano, no ha sido una práctica sexo afectiva desarrollada en absoluta libertad, a lo largo de las distintas épocas históricas pasadas y presentes, que en ocasiones pierdo la esperanza de que consigamos revertir esta situación a corto o medio plazo.

#MeQueer deshace esa soledad que sólo puede traer la incomprensión, la injusticia y la humillación. 

Plasma, en primera persona, situaciones perversas vividas por no pertenecer a ese modelo establecido a lo largo de los años, donde la heterosexualidad,  la feminidad y la masculinidad, la permanencia inamovible al género establecido en el nacimiento, son la senda del camino. Porque sólo es posible uno, y todo lo demás, podemos encuadrarlo en “lo otro” (haciendo uso de la conclusión filosófica de Simone de Beauvoir  con respecto a la mujer en su libro “El Segundo Sexo”).

Estos sucesos ponen de manifiesto situaciones que ninguno de los sujetos protagonistas de este binomio víctima-verdugo debería vivir, y voy más allá, ni siquiera sentir. No sirven sólo como desahogo de la persona sufriente, sino que evidencian el odio, el desconocimiento y el miedo.

Es tan poderosa esta herramienta, que alcanza a personas que ni siquiera pensaban que estas situaciones pudieran darse. En algunos casos, son reflejo de pensamientos, o de actitudes manifestadas, que pueden ayudar a realizar un ejercicio de introspección. Un replanteamiento, a través del que llegar a conseguir una reinvención de nosotros mismos. Una evolución que nos haga menos limitantes y más universales en la mirada que pongamos sobre cualquier ámbito de la vida.

Bibliografía

– Twitter #MeQueer

– El Banquete, Platón

– Poemario, Safo de Mitilenos

– Levítico, Antiguo Testamento

– Romano, Nuevo Testamento

– La homosexualidad en Grecia y Roma, Joaquín Esteban García

– El Segundo Sexo, Simona de Beauvoir

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