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La “B” de LGTBIQ+

Laura Garzón Molina
Máster en Sexología y Género

A lo largo de este artículo, tendremos en cuenta que hablamos partiendo de un contexto histórico y cultural determinado, es desde ahí que entenderíamos la bisexualidad como la capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de más de un género/sexo, no necesariamente al mismo tiempo, no necesariamente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado ni con la misma intensidad, tal como lo define Robyn Ochs.

No obstante, en torno al propio significado de bisexualidad, existen debates que ponen de manifiesto las distintas formas de entenderlo en cuanto a aquellas identidades que incluiría dicha orientación del deseo. Por ejemplo, la APA (American Psychological Association), seleccionada en los contenidos del Máster de Sexología y Género de la Fundación Sexpol, solo proporciona la definición de bisexualidad en relación a las personas con un género binario, es decir, tanto el sujeto como el objeto del deseo son binarios, y no nos proporciona una definición cuando el sujeto u objeto del deseo no se define dentro de los términos binaristas en cuanto al género. Y explica que, por ejemplo, si una mujer se siente atraída por alguien que no se define ni como hombre ni como mujer no la podemos incluir en ninguno de los conceptos anteriormente nombrados (a saber, heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad); o bien si una persona no se define dentro de los géneros binarios tampoco se le puede aplicar los términos definidos por la APA. Por esta razón, en los últimos años se utiliza el término “pansexualidad”, que es un término más amplio que el de bisexualidad y que implicaría la posibilidad de que aquella persona o personas que nos gustan, o nosotros mismos, no seamos binarios en cuanto a nuestra identidad de género.

Por otro lado, autoras y activistas como Shiri Eisner o Elisa Coll, con las que personalmente simpatizo más en este debate, rompen con este supuesto binarismo que incluiría el término bisexualidad, y explican que desde el activismo bisexual se recogen todas las realidades de género y sexo. Además, hablan del “paraguas de la bisexualidad” para abarcar las diversas formas de vivir la atracción hacia personas de más de un género o sexo.

Invisibilización

Teniendo en cuenta las clasificaciones sociales, que suelen darse en sistemas binarios (de derechas – de izquierdas, blanco – negro, rico – pobre,…), en cuanto a la orientación del deseo se establecen dos categorías antagónicas (homosexualidad – heterosexualidad) que, en principio, e implícitamente, rechazan la existencia de la orientación sexual bisexual, o la consideran la mera suma de las otras dos orientaciones, cuando la bisexualidad es una orientación en sí misma, la de aquellas personas que se sienten atraídas de forma física o afectiva por otras personas independientemente de su sexo o género (FELGTB, 2016).

Mitos de la bisexualidad

Basándonos en estudios elaborados por la FELGTB, así como artículos de otras autoras y activistas especializadas en estas cuestiones (Esther Rebeca, Shiri Eisner, Elisa Coll,…), podemos resumir los mitos más comunes de la bisexualidad en los siguientes:

 “Si eres bisexual tienes más posibilidades de ligar, porque abres el abanico”.

Este mito podría asemejarse a la idea de que “ser bisexual equivale a que te atrae todo el mundo” o “las personas bisexuales se sienten atraídas por hombres y mujeres por igual, al 50% en todo momento”. 

La realidad es mucho más variada que estas ideas. Por ejemplo, al igual que a una mujer lesbiana no le gustan todas las mujeres, a las personas bisexuales no le gustan todas las personas, ni en porcentajes similares por género, ni en todos los momentos de su vida por igual, etc.

“Las personas bisexuales son viciosas, infieles, peligrosas, inmaduras, una amenaza para la relación…”.

Muchos de estos términos beben de la idea de pecado que impregna el código moral judeo-cristiano, empleado como medio de control social contra todas aquellas personas que no sigan los planteamientos ideológicos del grupo social dominante.

“Fantasía sexual heterosexual”.

En concreto, las mujeres bisexuales son leídas como una fantasía sexual para el disfrute del hombre heterosexual (y así son representadas en películas, series, pornografía,…); también las mujeres lesbianas, pues lo que se sexualiza es el sexo entre mujeres, pero en el caso de la bisexualidad además se da por hecho el deseo de “hacer un trío” (Coll, 2017).

“La bisexualidad es una fase hacia la homosexualidad” o “la bisexualidad es una fase con regreso a la heterosexualidad” .

La presión social sobre las personas bisexuales para que encajen en una categoría (heterosexualidad) u otra (homosexualidad) es tan notoria que en muchos casos fuerza a evitar una parte de su identidad si quieren verse reconocidas socialmente, muchas veces ocultándose o viéndose señaladas con etiquetas como “heterocuriosa”, “heteroflexible”, “confusa”… que llevarían implícito el no reconocer la bisexualidad como una orientación sexual más e igual de válida.

“Todo el mundo es bisexual”.

Freud señaló que todo el mundo es bisexual, mito que sigue estando muy extendido a día de hoy. Por su parte, el biólogo Alfred Kinsey elaboró una escala con siete grados diferentes de comportamientos sexuales, que ponía en evidencia que esta presunción no era real.

Además, desde el activismo bisexual se reivindica que “si todo el mundo fuera bisexual, la bisexualidad perdería su razón de ser”, y en el mundo en el que vivimos, para muchas personas es muy importante nombrarse para poder ser, para visibilizar su forma de deseo y vivencias y toda la diversidad existente.

“Las personas bisexuales son vehículos de infecciones de transmisión genital”.

Este mito fue difundido primordialmente a principios de la década de 1980 en relación al VIH, de cuya expansión entre la población heterosexual se culpó inicialmente a la supuesta promiscuidad de los hombres bisexuales, sabiendo a día de hoy que ninguna orientación sexual causa enfermedad. Lo cierto en cuanto al riesgo de contagio de ITS para cualquier persona (independientemente de su orientación sexual) son las prácticas sexuales sin protección.

Bifobia

Como ya se ha ido mencionando a lo largo de este artículo, la mera existencia de las personas bisexuales, de forma parecida a las personas de género fluido o no binario, desafía el eterno binarismo en el que se nos clasifica: o eres una cosa o eres otra. 

En palabras de Elisa Coll: a pesar de los avances logrados por la comunidad LGTBIQA+, la “B” sigue siendo a día de hoy una fantasía para el mundo heterosexual y una broma para el mundo homosexual. La bisexualidad es constantemente cuestionada, banalizada, invisibilizada y estigmatizada (y en el caso de las mujeres bisexuales, también sexualizada). Además, como se visibiliza desde el activismo bisexual, esta discriminación no parte sólo desde la heteronormatividad, sino también, y en gran proporción, desde la propia comunidad LGTBIQ+. 

En el caso de las mujeres bisexuales, autoras como Esther Rebeca hablan de una triple discriminación, en la cual la primera censura sería relativa al hecho de ser mujer y vivir en una sociedad patriarcal; la segunda discriminación vendría referida a la faceta homosexual que existe dentro de la bisexualidad, frente a una sociedad heterosexista que rechaza la homoerótica; y la tercera sería la asociada a la bisexualidad frente a esa parte del colectivo lésbico y gay que no la considera una orientación propia, percibiéndola como una ausencia de autodefinición.

Además, las dificultades existentes para acceder a una información veraz, digna y positiva sobre la bisexualidad, junto con la falta de referentes bisexuales, así como la cascada de prejuicios, mitos y tópicos, pueden minar la autoestima personal de muchas personas bisexuales, y provocar en ellas la necesidad de aislarse del estigma, lo que genera dificultades para reconocerse como bisexual, dificultades en el proceso de auto-aceptación (FELGTB, 2016). Todo ello, conduce a una “salida del armario” más tardía incluso que en las personas homosexuales (Coll, 2017).

Datos

Existen estudios que ponen de manifiesto cómo las personas bisexuales son discriminadas tanto por la sociedad heterosexual como por los propios colectivos LGTB, lo que se traduce en una alta incidencia de trastornos mentales en el espectro de ansiedad/depresión entre las personas bisexuales, claramente superior a otros grupos (Portero, 2016). 

No obstante, los datos disponibles son escasos. El Estudio de discriminación por homofobia y bifobia 2016, es el primero realizado a nivel nacional con el objetivo de obtener datos sobre experiencias de discriminación, violencia y sus consecuencias sobre la salud mental de las personas bisexuales, en comparación con personas gays, lesbianas y heterosexuales. Este estudio nace en las III Jornadas Bisexuales, organizadas por el grupo de bisexuales de Cogam y la asociación valenciana Moebius, que fueron celebradas en Madrid en abril de 2015, y parte de una encuesta que fue lanzada en febrero y se cerró en mayo de 2016, una vez alcanzadas 1916 respuestas provenientes de las 17 CCAA de España, tanto de zonas urbanas como rurales. La distribución por orientación sexual declarada fue: 621 bisexuales, 477 heterosexuales, 438 gays y 230 lesbianas. Las conclusiones principales fueron:

  1. Las personas que se declaran bisexuales presentan una tasa de «atracción o prácticas» bisexuales más elevada que las personas monosexuales, aunque las personas que se declaran monosexuales (herero, gay, lesbiana) también muestran tasas significativas de «bisexualidad» en sus sentimientos de atracción o prácticas.
  2. Los mitos sobre la bisexualidad han sido escuchados en su vida social por un 60-90% de personas encuestadas. Las ciudades de 25.000 a 300.000 habitantes son las que presentan este fenómeno de forma más acusada.
  3. A más del 80% de las personas bisexuales les han cuestionado su orientación sexual en algún momento.
  4. Un 5% de las personas bisexuales encuestadas ha sufrido una violación. Las personas bisexuales son el colectivo con un mayor intento de abuso sexual. Por su parte, las personas gays sufren una mayor violencia física.
  5. En los contextos sociales (educativo y laboral), los gays sufren mayores índices de violencia y discriminación que el resto; pero en los contextos íntimos (familia y pareja), las personas bisexuales son el colectivo que sufre más discriminación y violencia.
  6. Las personas bisexuales reportan el doble de problemas de salud mental que el resto de colectivos, siendo el número de intentos de suicidio 6 veces superior que cualquier otro.

Por su parte, la ONU en su campaña Libres e Iguales, elaboró un documento a raíz de un estudio sobre Bisexualidad, donde también afirma que las personas bisexuales corren más riesgo de violencia que la población en general. Según este estudio de la Unión Europea:

  • Una de cada cuatro personas bisexuales afirma haber sido agredida o amenazada de violencia durante los últimos cinco años.
  • Las mujeres bisexuales son particularmente vulnerables a la violencia sexual y la violación.
  • Casi una de cada dos mujeres bisexuales en los Estados Unidos ha sido víctima de violación, lo que representa el triple de la tasa de las víctimas que son mujeres heterosexuales y lesbianas, y el 75% de las mujeres bisexuales han sido víctimas de otras formas de violencia sexual.
  • Las probabilidades que tienen las mujeres bisexuales de ser objeto de violaciones, violencia física o acoso criminal cometidos por su pareja son el doble de las probabilidades que tienen de serlo las mujeres heterosexuales.
  • Los informes de Filipinas, Japón, Malasia y Pakistán también indican que la violencia sexual e intrafamiliar constituye un problema grave para las mujeres bisexuales.
  • Los hombres bisexuales también corren mayores riesgos de violencia sexual; casi la mitad de los encuestados en los Estados Unidos ha sufrido algún tipo de violencia sexual en su vida, lo que representa el doble de la tasa de los hombres heterosexuales que han sido objeto de esta violencia.
  • Las personas bisexuales también son víctimas de actos de violencia cometidos de manera más general contra la comunidad LGBT. Por ejemplo, en Iraq, la mayoría de las personas LGBT, incluidas las bisexuales, informan de que son víctimas de agresión verbal y física.
  • La impunidad de la violencia por motivo de orientación sexual causa inquietud, dado que no se investiga ni se enjuicia a los autores y no se ofrece reparación a las víctimas.

Teniendo en cuenta los escasos estudios que existen en torno a esta temática, sería interesante investigar más exhaustivamente cómo incide la violencia de género, y en concreto la sexual, en las mujeres bisexuales.

BIBLIOGRAFÍA

  • Coll, E. (2017). Mujeres bisexuales, tierra de nadie. 7 abril 2020, de Blog Revolution on the road. Sitio web: https://www.elsaltodiario.com/revolutionontheroad/mujeres-bisexuales-tierra-de-nadie
  • Eisner, S. (2013). Bi: Notes for a Bisexual Revolution. Seal Press.
  • FELGTB (2013). Entrevistando a… Shiri Eisner. Bisexual Bimonthly Magazine, 3, 4-8.
  • FELGTB (2016). Año por la visibilidad bisexual en la diversidad. 16 abril 2020, de Federación Estatal de lesbianas, gais, trans y bisexuales. Sitio web: http://www.felgtb.org/temas/bisexualidad/documentacion/i/11557/257/dossier-sobre-el-2016bisexual
  • Martín, L. (2019). Conceptos en diversidad sexual. En Máster en Sexología y Género (121-122). Fundación Sexpol: Universidad de Nebrija.
  • ONU (2018). Bisexual. Libres e Iguales: Naciones Unidas.
  • Portero, I. & Montero, E. (2016). Estudio de discriminación por homofobia y bifobia 2016. COGAM.
  • Rebeca, E. (2004). El amor que no osa decir su nombre. Revista A distancia (v.22, n.23), 2004, p.115-122. ISSN: 1133-1151. UNED.

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