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El deseo y sus (re)producciones

Silvia Zullo
Máster en Sexología y Género

Después de 35 días encerrada en casa con mi pareja y mi compañera de piso, he empezado a reflexionar sobre el deseo, la producción de este y como activamente podemos influir más o menos en ello.

Con la falta de estímulos externos a nuestra pequeña casa, con falta de luz gran parte del día, me he sentido carente de deseo o por lo menos he sentido la necesidad de cuestionarme lo que estaba pasando y por qué me sentía abulica.

Hasta hoy ya me había cuestionado de cuanto el deseo se iba produciendo y cuando en vez de producirlo, simplemente estaba reproduciendo deseos de otros, otras, de la sociedad .

¿Estaba produciendo deseo o contestando a necesidades que el sistema social y económico en el que vivimos estaba creando para mi?

¿Cómo puedo reproducir el deseo?  ¿Con que rol  participo en ello?

Partiendo de estas pregunta intentaré dar una explicación de lo que es el deseo, de como lo vivimos hoy en día y de las posibles maneras de vivirlo.

El deseo

El deseo sexual es  un impulso sexual hacía un objeto, también se reconoce como líbido.

Según la teoría freudiana la líbido representa la pulsión principal, o la unica pulsión, de naturaleza sexual en el ser humano que se contrapone a la pulsión de destrucción. Según Jung, la líbido es una energía psíquica y como tal no solo depende de impulsos sexuales, más bien está presente en el ser humano como energía, como una totalidad que no se puede dividir en partes que respondan a zonas diferentes del deseo humano.

Hoy en día, se da por cierto que el deseo sexual no solo depende de hormonas, o características biológicas del individuo, depende también, de las normas sociales, factores psicológicos de la personalidad o de condiciones medicas y farmacológicas.

El deseo, en su visión más general, es un estado del “Io”, o más reconocido como impulso (Bauman, 2003) hacía un objecto externo de lo que se desea, la posesión o la disponibilidad.

Según la respuesta satisfatoria o menos al deseo, este puede generar sensaciones placenteras o dolorosas.

En la historia del pensamiento humano el deseo ha sido cuestionado y analizado desde diferentes perspectivas. Muchos filósofos y pensadores a lo largo de sus vidas han hablado del deseo con acepciones y sentidos múltiples.

 Desde el “Mito al Logos” academicista que toma como bastión la polis griega hasta nuestros días de postmodernismo o post post modernismo, encontramos una concepción del deseo que responde al paradigma dualista platonico: la diferenciación entre el alma y el cuerpo y la consegración de la perfección en el mundo de las ideas.

El deseo en este redil judío/cristiano, se acoje a la frase: “Desea, pero recuerda que no es racional y te vas a perder el cielo cuando mueras”, a grandes rasgos.

Pero empecemos por los presocráticos: hay textos que situan a los Epicuros como los defensores de un deseo terrenal que nos lleva a disfrutar el ahora ( el “carpe diem” inequivoco de San Agustín) sin pensar en la vida futura. Esta idea es erronea y popularizada en la actualidad. La escuela Epicura creía que el deseo era inivitable pero abogaba por la justa medida del mismo, siendo, de nuevo, la idea dialéctica de lo racional/sensible frente a la pasión irrefrenable que describe la naturaleza del ser humano. En este punto es importante referenciar a Aristóteles, baluarte de la idea del equilibrio en la acción humana. Concevía que el hombre era vicioso por naturaleza y que la repetición de un vicio siempre devenía en “habito”, por tanto el control de las pasiones concupiscibles era fundamental para no caer en pasiones que corrompían la virtud de los sujetos cívicos. La virtud sería el conjunto de acciones que compromete al hombre a una vida racional y buena.

Basicamente, en el desarrollo de la filosofía occidental, se ha mantenido esta ultima idea como contenido paradigmático. Es reforzado por la reinterpretación que hace la teología cristiana de los griegos pero con mayor repercusión positiva en la sociedad del medievo y que tras el transcurso histórico se ha ido manteniendo a lo largo del tiempo. Todo bajo la tutela de la racionalidad e idea del bien.

El deseo se postula en un segundo plano a lo largo de nuestro recorrido pero se utiliza en la filosofía alemana de Hegel y Shopenhauer para redactar las lineas generales que debe guíar la práctica de sus grande sistemas filosóficos.
Es anecdótico que mientras las clases del impetuoso Hegel estában repletas tanto por el discurso revolucionario que integra su propia tésis como por la pasión que inculcaba en su credo, Shopenhauer, que compartía cátedra con él, se sentaba en un claustro vacío cuando era este el autor  que integraba el concepto de deseo y pasión en su ideario. Shopenhauer nos desdibuja un sujeto desprovisto en el mundo, que ejerciendo su libertad de pensamiento solo puede llegar a la propia anulación de su existencia: la vida si se piensa no tiene sentido, hay que aniquilarla.
Para salvaguardarnos de esto, propone el deseo contingente continuo de las cosas que habítan el mundo, superficiales o no, pero en constante creación del deseo para olvidarnos del golpe tremendo que es el “estar vivo”. Puede interpretarse como la primera forma de estrategia capitalista articulada como sistema filosófico.

En siglo XIX, Nietzsche rompe con lo “Apolíneo” y aboga por la supereción de toda la cultura centroeropea, describiendo a un hombre nuevo que se deja llevar por lo “Dionisíaco”. La pasión, el deseo humano es la unica forma de dejar atras años de metódica racionalidad que han hecho de los sujetos borregos mecanicistas incapaces de decisiones propias. Lo corporio, lo irracional, ( no confundible con la emocionalidad, aún proscrito al mundo inferior de la mujer) el deseo guía la ruptura con el hombre anterior y propone una estética diferente dentro de la filosofía.

Los acontecimientos históricos del siglo XX marcan los hítos filosóficos a seguir y encontramos una escuela de Frankfurt prendada de nuevo por la formalidad dialéctica. Esta forma de escritura aboga por ser constantemente contradictorios para conseguir, al fin, un contenido que salvaguarde los sentimientos del propio autor. Se acerca a la Ilustración sentimental que no acontece en el siglo de las luces y sirve como base al postmodernimos actual. Este último, es también  reconocible en el auge del Estructuralismo Francés.

Sociedad y deseo

Está reconocido que el deseo depende de factores biopsicosociales. El ser humano puede reconocerse como individualidad solo reconociendose como interno a una sociedad a la cual pertenece y que le pertenece. Podemos hablar de ser humano como ser social, donde las características biológicas casi pierden importancia subyugadas a lo social.

“Sin las otredades, no eres nadie” (Rovitto P., 2013), esta frase explica muy bien el concepto según todo ser humano no puede no reconocerse sino dentro de un conjunto de otredades. Es gracias a la otredad que se reconoce como uno, individuo,ser, humano.

El deseo, el deseo sexual, como cualquier parte que se refiere al individuo, tiene que ver en muchos de sus aspectos con la parte social y en este caso no se puede hablar de deseo sin explicar la sociedad consumista y capitalista en la que nos encontramos.

En rasgos generales, si analizamos  la sociedad en la que nos hallamos podemos llegar a la conclusión de estar viviendo en un “estado de agotamiento”, reconociendo que nunca en la historia hemos vivido con todo el material y la mercancía que tenemos hoy en día. 

“El deseo es inconsciente, imprevisible y por tanto irrepresentable, produce líneas de fuga con respecto a cualquier orden y organización, crea sus propias conexiones y solo pide no ser reprimido.” (Jurdi Carmona Hurtado, 2019)

Para poder seguir hablando del “deseo en la sociedad”, tenemos que empezar con una breve descripción de los cambios que han tenido lugar en la sociedad respecto al tema.

Siempre se ha considerado el deseo como algo negativo, algo que rechazar, que debilita al sujeto y lo hace vulnerable. Se ha producido artificialmente la idea del deseo como carencia, falta de un objeto, cosa que el capitalismo ha puesto dentro de sus criterios, produciendo un sistema en el que se anela crear más y siempre más necesidades planeadas para rellenar nuestras carencias. Un cambio fundamental se produce cuando el concepto de deseo sexual se une al de “liberación sexual”, y  es entonces cuando el deseo entra dentro de la mercantilización y la idea consumista de sexo.

El sistema económico capitalista ha tenido el poder de traer todo lo que estaba fuera de él (en contra de él) dentro, como por ejemplo el deseo sexual. Tomó la idea de revolución sexual como suya y cambió de estrategia poniendo el “deseo” dentro del mundo pornográfico.

Actualmente el tema del deseo está casi exclusivamente expuesto por la pornografía y es dentro de ella que cambia su significado. “El régimen pornográfico hace que el placer del sexo siempre se encuentre al alcance de la mano, todo lo contrario de prohibirlo o alejarlo; pero precisamente por eso es mucho más efectivo que la censura para impedir la formación en la sociedad de cualquier deseo vivo.” (Jurdi Carmona Hurtado, 2019)

Lo que diferencia la pornografía del erotismo es justo el sentido que damos al deseo. Todo lo que es pornografía es explícito y además el acto sexual y el deseo se separan dando orígen a la concepción moderna de deseo como normativo y que solo concierne a  los órganos sexuales primarios y secundarios (reconocidos de la biología) y que para nada integra la subjetividad y las diferencias de gustos, formas, deseos, sentimientos que hay entre las diferentes personas.

El problema que tenemos en la actualidad no es que la sociedad no nos ofrezca contenidos sino que nos regala una gran cantidad de materiales pornográficos que nos hacen desear a través de ellos en vez de darnos este poder. La sexualidad utilizada como dispositivo de control en la sociedad no nos deja libres de aventurarnos en nuestros deseos y nuestro cuerpo se convierte en el cuerpo biopolítico dentro de un colectivo capitalista, haciendose capital sexual.

Por eso hoy, al contrario de los años pasados que hicieron que se verificase la “revolución sexual”, necesitamos librarnos de los deseos que el porno y la sociedad nos han hecho creer que son los nuestros e intentar explorar y explorarnos para redescubrir nuestras intenciones, ideales, placeres y goces.

Así que, “simplemente”, tenemos que provocar el deseo, desencadenarlo, darle tiempo y espacio sin juzagarnos para que nos sintamos comodas con ello y seguras de expresarlo con nuestro cuerpo y nuestra mente.

Bibliografia

Bauman, Zygmunt: Amore liquido. Sulla fragilità dei legami affettivi, Roma-Bari, Laterza, 2004

Foucault, Michel: La cura di sé (1984), trad. Laura Guarino, Feltrinelli, Milano 1985.

Foucault, Michel: La volontà di sapere (1976), trad. Pasquale Pasquino e Giovanna Procacci, Feltrinelli, Milano 1978.

Foucault, Michel: L’uso dei piaceri (1984), trad. Laura Guarino, Feltrinelli, Milano 1984.

Rovitto, Pino: Senza gli altri non sei nessuno, Pesaro, Metauro edizioni, 2013.

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/el-agotamiento-del-deseo

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