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Deconstrucción de la “heteronormatividad”, un camino feminista hacia la libertad sexual

Leyre Collazo Palomo
Monitora de educación sexual
con perspectiva de género

RESUMEN

La temporalidad de un nuevo marco teórico redefinido por tiempos de pandemia, induce a buscar nuevos modelos. El presente trabajo, intenta dilucidar nuevas organizaciones sociosexuales que puedan deconstruir la “heteronormatividad” que sustenta a una sociedad occidental actual, adscrita al binarismo sexual y al esencialismo biológico. El aporte de un amplio elenco de estudios etnoculturales, unidos a la historicidad eurocéntrica y del feminismo, nos abrirán nuevos caminos hacia sistemas sexualmente más libres.

Palabras clave: Heteronormatividad, binarismo, occidental, feminismo, sexual.

Es inevitable mencionar que los siguientes razonamientos y consideraciones son fruto de una soledad reflexiva y del reencuentro con la mismisidad de una, como nombraba Marcela Lagarde. Aislarnos del mundo por una pandemia nos ha desprovisto de muchas de nuestras actitudes más identitarias, travistiendo un nuevo “yo», que por fuerza imperiosa, cambia por un breve lapso de tiempo.

La diacrónica de nuestras costumbres más esenciales, véase aquellas referidas al contacto físico como abrazos y besos, se ha convertido en preludio de enfermedad, o incluso aún peor, de dolorosa muerte. Nos hemos visto obligados a ocultar de algún modo nuestra necesidad de amar, crear vínculos o comunicarnos, tanto afectiva como sexualmente. Se ha creado una estructura social diferente con el objetivo de mantener el orden establecido de manera eventual (1).

En definitiva, hemos deconstruido nuestra libertad transformando la manera en que nos relacionamos. Una subversión de la norma – temporal -, que reestructura nuestra cultura judeo-cristiana y binaria (hombre/mujer, hetero/homo,…) abriéndose a nuevos planteamientos menos deterministas. Modelos más allá de los correctos e incorrectos cuyo argumento irrefutable y fundacional es “lo natural».

La consecuencia directa que nos compete, ha sido la floración inevitable de la duda sobre el sistema marcado. Lo universal de un discurso tendente a la unicidad con el subsiguiente peligro que ello entraña. Un relato que acabará por repetirse un número de veces proporcional al poder del interlocutor, creando estereotipos, mandatos y líneas de acción que no son más que versiones incompletas de nosotros mismos (2). 

Por ello, ahora que la sociedad muta y cuestiona la salubridad de un beso, nos da pie para  repensarnos, para valorar otros relatos con identidades diferentes, que nazcan de deseos y atracciones distintas, que rompan la regla y propongan órdenes nuevos. Matrices más diversas donde quepan todas las historias y vivencias, propuestas de otros órdenes sociosexuales menos heteronormativos.

La herramienta para este propósito que planteo será la historia de otras épocas y lugares del mundo, que gracias a la curiosidad de científicos como el Dr.Olivier Allard, la Dra. Aída E.Bueno Sarduy o Thomas W.Laquer, se revelan ante nosotros. Sus trabajos ahondan en distintas formas de ser y estar en este mundo desmantelando el esencialismo de los sexos y géneros. Cuestión que, de forma indisociable, acompaña a la evolución del feminismo y la perspectiva que posibilita.

VIAJANDO AL ORIGEN, Sexualidades precoloniales.

Bajo ese afán de meditar, de calibrar si tras las nuevas realidades sociales todo debe ser igual de rígido, estanco e inconmensurable, emprendemos la marcha distanciándonos del omnipresente eurocentrismo. Los estudios del Dr.Olivier Allard (3), antropólogo y profesor, nos llevarán de la mano de múltiples narrativas, subalternas de las actuales y conocidas, que hablan sobre “El Tercer Género” y discuten con vehemencia la validez del binarismo occidental.

Sus conclusiones son una amalgama de encuentros extraordinarios resultado de toparse con la diferencia, y la primera vez que esto sucede será en Venezuela gracias a los pueblos WARAOS. Con ellos descubrimos a los TIDA-WINA, quienes nos presentan como hombres vestidos de mujer con carácter permanente; estas personas podrán ser incluso, segundas esposas de otros hombres polígamos. La convivencia con ellos revelaría algo más, la colonización posterior de occidente troquelará ese travestismo. El contacto con el “viejo mundo» exporta la estigmatización llamándoles ahora “maricones».

Esto no será exclusivo en el delta del Orinoco (Venezuela), sino que existirán otros ejemplos en la misma Latinoamérica con los que se siguen fragmentando férreos preceptos. A través de ellos podremos sustentar, por ejemplo, un diferenciación sexual que trasciende a la anatomía y versa en la actividad sexual, siendo el hombre el “activo» y la mujer, el hombre afeminado o el travesti, el “pasivo». Una acepción más que interesante en nuestro despertar, ya que plantea una propuesta al trasnochado hombre/mujer en lo referido al sexo.

En otras latitudes, sus observaciones de los indígenas de Norteamérica, siguen erosionando la globalización de conceptos. Esta nueva etnografía nos presenta a los BERDACHES, hombres que transitan roles femeninos y que además, coexisten con mujeres guerreras y cazadoras, valoradas por ello, como hombres. Estos primeros serán considerados “gentes de 2 espíritus” integrando un “tercer género” de notables atributos a nivel espiritual y religioso. En resumen, hombres y mujeres identificados de forma genérica por la labor productiva que desempeñan, no por sus genitales.

Papúa Nueva Guinea en el Pacífico pone el broche final a este trabajo de investigación. En este caso, ritos de iniciación masculina hacen que los hombres más jóvenes beban el semen producto de las felaciones que practican a los varones adultos. No serán reconocidos como homosexuales, de hecho, a lo largo de su vida ocuparán varias posiciones genéricas sin que su actividad sexual defina su identidad.

Todas ellas conformarán un crisol de culturas que plantean, como bien apunta el autor, profundos interrogantes sobre la inmutabilidad de ciertas categorías binarias, así como la dependencia del sexo y la sexualidad para asumir la identidad de uno; darán sentido a nuestro camino.

Asimismo, con la firme intención de no adolecer de criterio, sumaremos a esta travesía los análisis de Aída E. Bueno Sarduy recogidos en una maravillosa tesis doctoral (4). Esta antropóloga y feminista cubana, expone sus exámenes a otros modelos de sexualidad presentes en culturas afrodescendientes afincadas en Brasil tras su secuestro esclavista. Sus estudios se centran en una de las ramas del Candomblé (liturgia) y el culto en los Terreiros (lugares de rito) a sus correspondientes Orixás (divinidades).

En ellos encontrará personas diferenciadas no como hombres o mujeres, sino bajo identidades creadas a través de la edad, “senioridad». En función de los años podrían considerarse, por ejemplo, esposas de sus veneradas Orixás al margen por completo de portar pene o vagina. Estas mismas deidades podrían ser fieles formas intersexuales, incluyendo en sus rituales de ofrenda muestras de travestismo, que se enlaza con versatilidad identitaria y suspensión temporal del género. Algo que la propia autora resume como “herramientas al feminismo contra el discurso patriarcal y la ideología heteronormativa», una visión “abierta a la diversidad sexual, al hibridismo y a la transgresión”.

DEL MODELO DE “SEXO ÚNICO” AL BINARISMO ESENCIAL, una mirada feminista.

Abandonar los referentes ancestrales que problematizan nuestros sistemas operativos actuales de sexo/género, y que podrían reorientar nuestras sexualidades, invita inexorablemente a preguntar qué ha sucedido en occidente. Cómo hemos llegado a reducir el espectro de nuestro ser sexuado, cuándo el sexo dejó de ser una construcción más compleja que la que ofrece la biología, por qué la diferenciación sexual o prácticas sexuales, en sí mismas, definen nuestra identidad. Qué es ser un hombre, qué es ser una mujer.

Para llegar a inferir respuestas a todas esas incógnitas, nos centraremos en resolver esta última cuestión más específica, por esclarecedora seguro, en este trance discursivo. El dictamen a este enigma vital ilustrará nuestra historia más reciente aportando una perspectiva imprescindible que descifre nuestra evolución. El apoyo del sexólogo Thomas W. Laqueur, con su obra “La construcción del sexo” (5), y la aparición del feminismo, destaparán para ello los discursos de poder que materializarán las réplicas sobre las que se construye nuestra sociedad heteronormativa.

Los estudios de un reconocido Galeno de Pérgamo en Roma, médico, cirujano y filósofo griego, alumbran al mundo la solución a nuestra pregunta. Sus múltiples disecciones en animales (cerdos), le permitirán concluir con rotundez que las mujeres disponen de los mismos genitales que los hombres a excepción de un detalle, están invertidos. En definitiva, la vagina no sería más que un pene al revés, y nosotras, una malformación indiscutible hasta el S.XVIII.

Esta máxima del “sexo único” no encontrará, como explico, alternativas durante siglos y acabará por convertirse en el eje desde el que se articula la existencia de la mujer en base al hombre. Seremos inferiores, seres mal constituidos, desplazados del interés de cualquier ciencia, sin ningún valor por maltrechas. Algo que pesará hasta nuestros días y que, ni la capacitación que incorporó la medicina, cambiará demasiado. De hecho, la aparición de un nuevo modelo de “2 sexos” seguirá perpetuando los vínculos opresivos que nos condenan, aunque con leves diferencias interesadas.

Seremos testigos de la conceptualización de la mujer, en esta ocasión, como un ente completo y de identidad propia pero, opuesta al hombre (binarismo). Ser mujer supone no ser un hombre, algo que escondía la insidiosa necesidad de legitimar lo que hoy conocemos como jerarquía de poder. Un sistema que regula desde las instituciones al hombre como medida de todas las cosas – aunque ya lo era – (androcentrismo). La mujer será invisible y su paso por la historia, borrado.

En este momento, el viaje zozobra entre dos sistemas que el propio autor cristaliza mediante una premisa con la que no podemos estar más conformes, “el sexo, como el ser humano, es contextual», una cuestión social. Un cambio más bien histórico y cultural que una realidad biológica inalienable; los hombres se apropiarán de la identidad de las mujeres hasta que “ellas” decidan resistir y resignificarse.

De tal visión sesgada aparecerá el mayor movimiento social y político, nace el feminismo. Muchas serán las revolucionarias unidas en la lucha por crear un nuevo imaginario, una nueva identidad. Simone de Beauvoir, una de ellas, resumiría de forma sublime el epicentro del problema, “No se nace mujer, se llega a serlo», ser mujer no sólo dependía de una determinación biológica, sino de la suma de mandatos sociales que esgrimían como debía serlo.

Ella misma fraguará el inicio de muchos principios fundamentales en este camino, el de la teoría de género, utilizado hasta aquellos momentos como sinónimo del sexo, la conceptualización del patriarcado más radical o la reapropiación de los cuerpos y sus sexualidades negadas. Kate Millet (6), referente de los feminismos estadounidenses, hilará también en este sentido y en su obra “Política Sexual» que, “el sexo es una categoría social impregnada de política”.

La mirada hacia lo privado, hacia la subjetividad, será cada vez más irremediable, y una posmodernidad añadirá una crítica feroz al sujeto de nuestro interrogante. La dominación masculina se articulará en una red de diversas opresiones que amplían la identidad de las mujeres que las sufren. Se une, por ello, la desaprobación formal del binarismo sexo/género, la cis-sexualidad y la heteronormatividad. Se crearán nuevas arquitecturas que incluyan relaciones más complejas y realsitas.

UN CAMINO HACIA LA LIBERTAD, mis conclusiones.

Al llegar al final del camino, después de un intenso viaje dedicado a revolver el inconsciente, esperas y deseas que todo lo aprendido – y desaprendido – te haya cambiado desde que saliste. Pues bien, esa es la sincera y humilde pretensión erguida que se ha servido de la propia historia para suscitar la duda, para poner en tela de juicio a distintos sistemas opresores de nuestra sociedad moderna.

El estudio detallado de pueblos indígenas nos ha permitido mostrar que el orden establecido no siempre es el mismo. En estas comunidades sociosexuales, percibimos otras realidades más allá del hombre y la mujer occidentales con sus correspondientes biografías sexuales, llenas aquí de actitudes tolerantes y abiertas. Existen otros sexos y géneros que ponen en entredicho la prevalencia biológica para poder redefinirse y crear mecánicas operantes más laxas. En la actualidad, serán los feminismos más recientes los que recojan el testigo de estas vivencias perdidas y hoy estigmatizadas.

La evolución de la sociedad occidental por otro lado, nos ha dibujado un escenario lleno de sesgos y visiones despreciativas – modelo de uno y dos sexos -, creando todo un conjunto de opresiones y discursos universalizantes desde los que se impone como se debe estar en este mundo. Se reducen las identidades, los géneros se configuran como inquebrantables, ya que, la transición rompe la norma, y ella permite el control. Un sometimiento a través de la vigilancia de los procesos biológicos, categorías lingüísticas y sociales cerradas que se orquestan gracias a la dominación masculina, así como de otros agentes socializadores.

Podemos concluir sin miedos que, si ampliamos los márgenes, las tensiones no son generalizadas, aunque tampoco podemos negar, que los procesos de aculturación han extendido un capitalismo neoliberal depredador que ha restado libertades hasta nuestros días. Refuerzan también un archiconocido patriarcado, longevo por mimético en cada momento histórico y nutrido del desprecio a la raza, la cultura o, cómo no, el sexo. Una interseccionalidad que afecta sobremanera a las mujeres que viven desde la alteridad y crecen entre fronteras (heridas), como expone la feminista Gloria E. Anzaldúa (7).

El Feminismo será determinante en esta lucha hacia la emancipación, la libertad y el reconocimiento sexual y que hoy, descansa en sus conocidas “teorías queer”, los cambios estructurales más profundos; cuestión que para mí, y a la postre de lo expuesto, tiene ya su simiente empírico en la cosmogonía de civilizaciones precoloniales que sustentan su ser y estar en determinismos culturales y sociales más que biológicos.

Esta retrospectiva ha replanteado el esencialismo de la identidad, la inmutabilidad de los órdenes sociosexuales, así como las dinámicas de poder que emanan de estos mandatos intentando crear nuevas posibilidades que permitan ser en plenitud. Si conseguimos ver que las diferencias que nos separan nacen de elementos mutables, no decaerá la lucha alentada por la certeza real de que “la sexualidad pertenece al reino de la libertad” (8).

BIBLIOGRAFÍA

ANEXOS:

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