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Yo también: La campaña que visibiliza el acoso sexual

Sonia Encinas
Comunicadora, sexóloga y experta en trabajo con mujeres
Docente del Máster de Sexología y Género
Hace unos días, la actriz Alyssa Milano, inició en las redes una campaña sobre el acoso que se ha hecho viral. Su mensaje, traducido a varios idiomas ya, decía lo siguiente: <<Si todas las mujeres que han sufrido un acoso o agresión sexual escribieran ‘yo también’, quizás la gente se diera cuenta de la magnitud de este problema>>.

A los pocos días, miles de mujeres habían dicho #YoTambién #MeToo
Y la cosa sigue.
Somos muchas. Demasiadas. Y aunque por mi trabajo con mujeres es un tema que siempre sale a la luz, reconozco que estoy alarmada. Como decía, ya sea en relaciones personales con mujeres, ya sea en relaciones laborales en las que hago un acompañamiento individual, ya sea cuando trabajo con grupos… me encuentro con numerosas mujeres que han sido acosadas o abusadas. Yo misma lo he sufrido y lo sufro (más aún, cuando encima te haces visible en las redes sociales). No hay mujer que yo conozca que me haya dicho ‘a mí esto no me ha pasado’.
Es decir, después de años de trabajo con mujeres, sumados a mi experiencia personal y a las experiencias de las mujeres de mi entorno… puedo decir: Lo hemos sufrido todas, en mayor o menor medida. Y es una realidad tremendamente grave. Porque aún pasándonos a todas y haciéndonos sentir mal, inseguras, con miedo… impidiéndonos vivir nuestra vida con libertad… ¡lo hemos naturalizado! Hasta el punto de que incluso llegamos a sentirnos culpables o responsables de lo que nos ocurre. Y cuando digo ‘lo hemos naturalizado’, me refiero a la sociedad en conjunto.
Iniciativas como esta, #YoTambién, son un paso importante para identificar el acoso (aún hay mujeres que no se han parado a pensar que lo que han sufrido o sufren es ‘acoso sexual’ o es una ‘agresión sexual’), pero también para ponerlo sobre la balanza y chocar con la alarmante realidad… ¡SOMOS MILES DE MUJERES LAS QUE LO SUFRIMOS! Y este sentimiento nos empodera, porque nos hace sentir unidas en esto. YA NO ESTAMOS SOLAS.
Y ojo, es importante no olvidarse de que si ‘nosotras lo sufrimos’ es porque ‘otros lo causan’.
Una vez que lo identificamos nosotras y pasamos a colocarlo como un problema social sostenido por un sistema patriarcal que lo impregna TODO, empezamos a DESNATURALIZARLO y asumir que ‘ESTO NO ES NORMAL’, ‘ESTO NO SE PUEDE TOLERAR’. Porque cuando lo colocamos ahí, en el ‘no es normal’, estamos más preparadas antes comentarios frecuentes como estos:
¿No exageras un poco?
¿Qué ropa llevabas?
¿Habías bebido?
¿Pero le dijiste que no?
¡Algo harías!
¡No sabéis entender una broma!
¡Ya no se os puede decir nada!
¿Qué pasa con estos comentarios? Primero, que nos hacen dudar a nosotras, porque partimos de que no hay una conciencia previa. Pero es que además, sigue colocando la pelota sobre nuestro tejado, como si nosotras, las que sufrimos las agresiones y el acoso, tuviésemos algún tipo de responsabilidad ¡QUE NO TENEMOS! Por último, estos comentarios demuestran que seguimos naturalizando las agresiones y el acoso “porque claro, es una broma”. Y nos acostumbramos a vivir alertas, con miedo. Nos hacemos responsables de lo que nos pueda pasar.
¿Lo mínimo?
¿Qué necesitas de mí ahora? ¿Qué puedo hacer por ti? (no nos adelantemos y ‘dar soluciones’ cuando no nos las han pedido).
Si no estás preparada, no tienes por qué contarlo, pero estoy aquí para escucharte si lo necesitas (dejar espacio para que la mujer hable o no, dependiendo de si está lista).
No estás sola, estamos juntas en esto (porque no lo estás, somos muchas y muchos para mover conciencias).
Para terminar, añado algo importantísimo. Hasta ahora, solo he hablado de nosotras, pero los hombres tienen un papel esencial. Porque son ellos los que tienen que dejar de agredir y de acosar y también han de aprender a identificar cuándo lo han hecho o cuándo lo hacen. Han de abrir los ojos, escuchar a las mujeres y ser autocríticos y empáticos. Pero también es necesario que surjan voces ya concienciadas (con su masculinidad trabajada) que condenen algo con lo que no están de acuerdo y que les parece tan terrible como a nosotras.
Insisto, ellos tienen un papel primordial, porque es desde dentro como puede cambiarse la raíz que nutre el problema. El acoso, la violencia… son la punta del iceberg. Pero hay una base gigante alimentada por la educación, la cultura, los medios… ¡que hay cambiar!

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