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Una sexología con perspectiva de género feminista

 

Sara Mª Díaz de Sarralde Fernández
Máster Sexología y Género

Este artículo surge ante la necesidad de un cuestionamiento crítico, así como una reformulación sobre la manera en la cual se gestiona (en todos los aspectos imaginables), en la actualidad, el ámbito de la sexología, y por consiguiente la sexualidad propia y colectiva.

Ahora mismo nuestra sexualidad está en boca de todxs, es raro el día en el que no encontramos noticias, publicaciones o artículos (entre otros) que apelan a la orientación del deseo, el erotismo, la corporalidad, prácticas sexuales… y por consiguiente son consideradas o deberían serlo, competencias de la sexología.

Nuestra sexualidad lleva siglos conformándose como un aspecto individual y colectivo que ha de salir a la luz, y por tanto elaborado dentro de unos marcos vinculados a la normalidad, enjuiciables, criticables, alabados… a fin de cuentas de ámbito público (El actual desarrollo e impacto de las ya no tan nuevas tecnologías de la información y la comunicación ha puesto su gran granito de arena en el asunto).

A su vez, parece que nos ha calado en lo más profundo de nuestro ser el mecanismo de la confesión, habiéndolo trasladado desde el ámbito religioso al cotidiano, siendo éste, en la mayoría de las veces, independiente a tus creencias. No remarco este aspecto de cara a señalarlo cómo algo negativo, sino curioso y merecedor de nuestra atención como profesionales en la materia, ya que asimilar un discurso sin cuestionar sus bases e influencias podría generar un saber unitario sobre cómo vivir la sexualidad que reforzaría la delgada línea entre lo normal y lo anormal.

Menos mal que cada vez son más los colectivos denominados fuera de la norma que alzan sus voces y reivindican sus prácticas, vivencias y preferencias dándole la vuelta y reforzando con un cariz positivo esa etiqueta que se les ha colgado. Quizás el problema reside en que el ámbito profesional difícilmente se posiciona de su favor o en pro de este tipo de luchas. Esta idea la iremos ampliando en los párrafos siguientes.

Nuestro ámbito de estudio y de trabajo se ha conformado, como ya todxs deberíamos saber, sobre unas bases patriarcales en las cuales todos los cuerpos que no han sido diagnosticados como hombres, han quedado relegados a un segundo puesto, han sido lo otro, lo subyugado, lo inferior… A lo que habría que añadir la necesidad de aceptación de que nuestra sociedad baila al son del llamado orden social, el cual se encuentra jerarquizado en base a una serie de variables, y el sistema sexo-género, al que hago alusión, es una de ellas.

Por consiguiente, tampoco nos libramos de los siglos de influencia en pro de una mirada androcéntria que nos ha ninguneado, invisibilizado o simplemente simplificado, dando forma a un saber errático y dañino.

En esta misma línea existen otras tres variables que también han elaborado en gran medida nuestro conocimiento y vivencias relacionados con la sexología, por su carácter regulador de nuestro sistema social. Estos son la religión, el capitalismo y la industria farmacéutica. Dentro de los cuales no se incidirá en gran medida, ya que sería alargar de una forma inimaginable el tema que nos concierne.

De la religión, resaltaremos su elevada influencia de regulación y control de la conducta, pensamiento y emociones. Y por otro lado, de los factores restantes resaltaremos su alta vinculación al tema la sexualidad como producto, que ha de ser siempre novedoso, excitante, insaciable y cuantioso; así como un ente que se construye en base a estados de enfermedad (en la gran mayoría de ámbitos se trabaja desde el modelo de prevención de la enfermedad, no desde la promoción de la salud o la aceptación y respeto de las realidades de nuestros cuerpos). De los tres podemos indicar su elevada regulación de las relaciones sociales.

Por tanto, el cariz que ha tomado nuestra ciencia, se convierte en un conocimiento incierto y superficial que ocasiona graves daños en la propia salud, individual y colectiva, si no se realiza una deconstrucción constante de lo aprendido y por consiguiente transmitido.

Y con esto no me refiero a que prendamos fuego a todo y se parta de 0 (aun que algunas personas lo vean factible), sino que en todo momento cuando leamos, escuchemos o realicemos un visionado, exista un cuestionamiento sobre el origen de la idea, dentro de qué contexto se ha conformado, indirectamente qué está transmitiendo y, lo más importante, de qué manera está afectando a los diferentes tipos de población (¿Es generalizable? ¿Fomenta la jerarquización? ¿Estoy obviando aspectos determinantes? ¿Doy por sentado algo que considero personalmente “natural” cuando es socio-culturalmente construido? ¿Me estoy inmiscuyendo en algo que no me atraviesa? ¿Estoy teniendo en cuenta a las personas directamente relacionadas con el aspecto que trabajo o al que hago alusión?).

Ésta es y será una ardua labor, pero hay personas que ya la han iniciado, como mencioné anteriormente ya hay mentes y voces que se han puesto manos a la obra, solo tenemos que ponernos todxs a ello.

Por otro lado, un aspecto imprescindible en el cual debemos centrar nuestra atención a la hora de realizar la reflexión en la que ahora deberíamos estar inmersas, se trata de la propia formación de las y los profesionales que trabajan en el ámbito de la sexología, la violencia de género o vinculados al trabajo de la salud sexual y reproductiva.

Es de sobra sabido que son escasas las carreras, módulos o formaciones regladas en las cuales exista un temario específico en socialización diferenciada. Es más, en la mayoría de puestos de trabajo relacionados tampoco se exigen conocimientos especializados en dicha temática, a no ser que hablemos de los más recientes, concienciados y con cierto cariz activista. Encontramos personas puntuales formadas, pero no requisitos necesarios para desempeñar el puesto.

Rizando más el rizo de lo anteriormente comentado, me gustaría recalcar, que si ya es llamativo que en el temario se incluya la socialización por género, imaginaos si además incluyesen la perspectiva feminista de forma general. Una formación en socialización por género pero sin base feminista es como explicar que existe una diferencia socio-culturalmente construida pero sin indicar que ésta desemboca en desigualdad, jerarquías, discriminación y violencia. Dando lugar a una descripción del contexto sin rozar siquiera la dura problemática que ocasiona, es decir, no se trabaja en pro de una mejora, sino manteniendo y reforzando una dolorosa e injusta realidad ya vigente.

Esta carencia podría aplicarse a prácticamente todos los hábitos existentes en los que influye el patriarcado (es decir, todos), pero al ser éste un artículo limitado al ámbito de la sexología no los analizaremos en profundidad, aún así la mención era relevante.

Como hemos ido viendo, el que la sexología se haya ido conformando de esta manera y, como a todo saber, le cueste deconstruirse, ha ido ocasionando diversas consecuencias negativas en la población, tanto a nivel individual como colectivo. A continuación enumeraremos algunas de las mismas, sabiendo desde un principio que muchas de ellas se quedarán en el tintero debido a la amplia totalidad de las mismas.

Consecuencias individuales, colectivas y aplicables a relaciones de pareja: no aceptación de la propia corporalidad u orientación del deseo, incomprensión y rechazo de gustos, funcionalidad de tu cuerpo, su propio erotismo, negación o control del placer, miedo a la experimentación desde el respeto y el cuidado, no existe una toma de conciencia en relación a violencias ejercidas o sufridas, surgimiento de grupos violentos contra determinadas expresiones de la sexualidad, críticas y juicios dañinos contra la misma por parte de la familia y allegados, falta de conocimientos en cuanto a la promoción de la salud sexual y reproductiva, así como de nuestros derechos reproductivos, mantenimiento de relaciones de pareja sustentadas en los supuestos del Amor Romántico y relaciones de poder, tolerar prácticas sexuales o situaciones con las que no se está de acuerdo… y por consiguiente, baja autoestima, autoconcepto negativo, dificultad de inserción al entorno social, falta de autonomía, necesidad de aprobación constante, necesidad de competición, etc.

Por otro lado, aun que indirectamente ya ha sido mencionado el feminismo en esta misma lectura, es a continuación cuando se profundizará en el mismo.

Durante los últimos años parece haberse dado un fuerte resurgimiento del feminismo, y con ello su nueva y acertada denominación como Feminismos, volviendo al mismo más integrador, inclusivo, amplio y consciente de la variabilidad de experiencias y opresiones que nos atraviesan.

Desde sus inicios el feminismo puso los ojos sobre la sexualidad como campo a analizar y en el que posicionarse en base a determinadas creencias, como hemos observado desde las posturas más afianzadas en el feminismo clásico hasta aquellas denominadas feminismo pro-sex. No obstante, sin incidir en qué posición nos sentimos más cómodas o representadas, es destacable que aquellas personas a las que se vetó de su propia sexualidad, tomaron las riendas sobre cómo querían vivirla, expresarla y sentirla, convirtiéndose en sujetos activos de su experiencia sexual, ya que a fin de cuentas lo personal es político.

Desde esta perspectiva, los feminismos nos dan la oportunidad de analizar y trabajar el ámbito de la sexología, de una forma más realista, que critica y deconstruye las bases sobre las que se ha forjado, y ofrece claves y modelos positivos sobre cómo vivir la sexualidad de una forma placentera, respetuosa y basada en el cuidado y en la responsabilidad del propio sujeto.

Sin embargo la variabilidad y multiplicidad de los feminismos transmite una desventaja que debería ser una ventaja. Este hecho consiste en que al estar alzando la voz los diferentes feminismos, pocos son los pensamientos, que han llegado a la maduración, y saben que uno no compite contra el otro, sino que se integran, son parte de un todo más complejo. La realidad es compleja, no hay formulas mágicas generalizables a la humanidad cuando hablamos de sexualidad.

Las personas más curtidas en feminismos, a no ser que se enfrasquen en una única rama y hagan oídos sordos al resto de voces que se alzan, suelen ser conscientes de la fuerza que tiene el movimiento si se entiende como un todo integrado por infinidad de partes. Sin embargo, aquellas personas, tristemente la mayoría, que no han alcanzado esa visión, tendrán la sensación de dispersión, voces que se contradicen y, por tanto, sin razón…lo que les hará volver a los supuestos de siempre con las consecuencias negativas de siempre.

Por tanto es importante enumerar las principales razones de peso por las cuales es necesaria la formación y la implementación de una perspectiva feminista en la sexología en conjunto que potencie un análisis crítico potente y aplicable al ámbito real actual:

  • Permite la realización de una revisión o critica del modelo actual de forma constante.
  • Se trata de un movimiento en constante dinamismo y crecimiento, de manera que promueve de manera constante la autorevisión tanto a nivel personal como profesional (nunca deberíamos dejar de aprender).
  • Fomenta un desempeño del trabajo beneficioso real de cara a la población a la que va dirigido, ya que permite una adaptación a los diferentes colectivos, a partir de las necesidades que éstos exponen (no que nosotrxs damos por hecho).
  • Aporta soluciones y modelos positivos que desculpabilizan a las personas dueñas de sus vivencias.
  • Hacen visibles los mecanismos de control y jerarquización social, pudiendo lidiar contra los mismos.
  • Potencian una vivencia de la sexualidad individual de una forma consciente y respetuosa con una misma y el resto de experiencias, destruyendo el discurso unitario cargado de discriminación.
  • Rompe con las violencias ejercidas por parte del sistema familiar y profesional, por medio de la educación y el asesoramiento.
  • Da lugar a nuevas formas de relación e interacción social, trastocando directamente la organización social por excelencia.
  • Visibiliza los Mitos del Amor Romántico y aporta modelos positivos de relación.
  • Desmedicaliza los cuerpos y los convierte en sujetos agentes de su propia experiencia, permitiendo el autoconocimiento, la aceptación y el autocuidado.
  • Los feminismos suelen estar vinculados a otras luchas activistas que promueven la mejora de la sociedad actual, fomentando la propia autoconsciencia en relación a las repercusiones de nuestros actos y expresiones.

Discusión y conclusiones

Para finalizar este escrito es preciso dar un repaso a las principales mejoras a realizar con el objetivo de que la sexología cumpla con una atención y acompañamiento real y beneficioso que promueva una vivencia positiva y placentera de la sexualidad como sujetos dueños de nuestras experiencias y emociones.

Para ello, como se ha ido esbozando anteriormente, es de vital importancia una integración de la perspectiva de género con base feminista en el ámbito de la sexología, ya que las consecuencias positivas del mismo serían valiosísimas.

Por tanto me gustaría hacer un llamamiento a las entidades y organismos competentes en el ámbito de la sexología, con la intención de que se cuestionen hasta qué punto están tomando cartas en el asunto y de qué manera. Es decir, ¿Se cuestionan su forma de trabajar, los contenidos o el imaginario que manejan y transmiten?, ¿Se comprometen con luchas necesarias?, ¿Son conscientes de las consecuencias que pueden llegar a ocasionar? ¿Tienen en cuenta la variabilidad personal en todos sus aspectos y son atentxs a la misma? o por el contrario se dejan mecer por lo ya existente…

A su vez para aplicar estas modificaciones, será necesario tomar todas las herramientas de transmisión ahora disponibles, tanto las de alta difusión, que nos aportan los medios de comunicación (redes sociales, TV, radio, prensa…), como las que trabajan en niveles de comunicación más privados, la voz, la mirada, nuestra propia expresión corporal… Ya que la responsabilidad de modificar la situación actual hacia la mejora es un deber que ha de aplicarse tanto a nivel profesional, como personal. Se ha de realizar también cierto hincapié en esta responsabilidad personal, porque a fin de cuentas todas las personas somos educadas bajo premisas similares, pocas se salvan de esta socialización patriarcal y capitalista, basada en el miedo, en la prevención, la culpabilidad, constituida en base a la enfermedad y la individualidad… entre otros aspectos.

Finalmente, como siempre me gusta hacer una especial mención al ámbito de la educación. La labor que se puede realizar a nivel formativo, ya sea en el ámbito académico (a partir de la aplicación de políticas públicas desde las edades más tempranas) o de la educación no formal (mediante la participación de personas o colectivos formados en la temática) será vital a la hora de promover una mejora en nuestra sexualidad, siempre partiendo de una visión desde los feminismos, que nos permita aprender a cuidarnos, disfrutar, conocernos y respetarnos.

Bibliografía empleada

Foucault, M. (2009). Historia de la sexualidad. La voluntad del saber. (3ª. Ed.). Madrid: SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES S. A.
González García, M.I. (2015). La medicalización del sexo. El viagra femenino. Madrid: catarata.
Manada de lobas. Foucault para encapuchadas. (2016). Buenos aires: Queen Ludd
Preciado, P. B. (2017) Testo yonqui (4ª. Ed.). Barcelona: Espasa.
Torres, D. J. (2016). Coño potens. Manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos. (3ª. Ed.) Navarra: Txalaparta.
Torres, D. J. (2017). Porno terrorismo. (4ª. Ed.) Navarra: Txalaparta.
Vasallo, B., Vagalume, M., Rodriguez Suárez, M., Mendoza, V., Sánchez, I., Valencia, S.,  Herrera, C., Ayuso, M., Cosculluela, J. y Murillo, A. (2015).  (h)amor1. Madrid: Continta me tienes.

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