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Relaciones de pareja en centros penitenciarios

Amaia Goitia Añorga
Máster Sexología y Género

¿Saben lo que es  ser preso/a en una cárcel? ¿Conocen a alguien en prisión? ¿Saben lo que se siente al tener que enfrentarse a que su pareja esté preso/a a cientos kilómetros de donde vive usted? ¿Se imagina poder estar con su pareja una vez cada dos semanas por un tiempo limitado y con unos vigilantes que les observan todo el tiempo? ¿Cómo se vive la sexualidad en prisión? Y por último, ¿Cómo piensa que puede sentirse uno/a al tener relaciones sexo-afectivas dentro de la prisión con su pareja?

Puede que en esta vida nos haya tocado vivir mediante algún conocido cercano  que tengamos (ya sea vecinos, amigos, familiares…)  que su pareja esté en prisión y conozcamos un poco estos casos,  porque también lo hemos vivido con ellos,  eso es lo que me hace interesarme por este tema, es decir, que tenga conocidos los cuales viven estos tipos de situaciones siendo jóvenes. Por ello, este artículo se centrará en reflexionar cómo se vive una relación heterosexual  siendo jóvenes, cuando de repente a uno se le priva de libertad.

Si la sexualidad es tabú en nuestra vida cotidiana, lo es aún más dentro de rejas, en la prisión, ya que es ignorada e invisibilizada por los/las presos/as, las autoridades y por la sociedad, cargando con  la causa  de la propia privación de libertad, problemas emocionales y situaciones que generan ansiedad. La masturbación y relaciones con los demás presos/as por ello (independientemente de su sexo), son la vía de adaptación sexual de la mayoría de los presos/as.

Me gustaría subrayar antes que nada, y hacer hincapié en que las mujeres en estos contextos también somos infravaloradas. Es decir, que no es  lo mismo que en una relación de pareja heterosexual de jóvenes, que sea el chico el que esté preso y que su novia esté fuera o al contrario, sea la chica la que está en prisión y el chico fuera, porque se ha podido constatar que aunque vivan similares realidades, lo viven de diferente manera, independientemente de que cada persona es totalmente singular y única. Cada caso es tan diferente, pero al mismo modo se parecen tanto, que hay que vivir esa realidad para poder entender lo que realmente puede suponer, destacando que la diversidad es real.

Sabemos que cuando uno/a de ellos/as es detenido/a, no se pone en duda que la chica tiene que seguir con esa relación, sin que tenga más opciones. En caso de ruptura por parte de la chica, está mucho peor vista que la del chico, además suelen tener que oír las críticas de los demás. En cambio, que el chico deje a la chica en el caso de que esta última sea detenida,  es un hecho que está admitido, y ahí no existe ninguna presión de la sociedad. Como si las mujeres estuviéramos más capacitadas para sufrir, o para cuidar del otro… Se dice que la mujer sufre un castigo triple en prisión; castigo penal, personal y social.

Aunque no se pueda comparar una relación de entre rejas con una que se da en la calle, no tiene por qué ser todo de color oscuro. Porque las relaciones son como uno/a quiera que sean, aunque a veces las circunstancias nos obstaculicen el camino para ello.  Porque aunque pueda resultar duro por ejemplo no poder hacer escapadas de pareja de vez en cuando, o no estar al lado de tu pareja en fechas tan señaladas como son las navidades etc.,  una relación en prisión puede padecer de sinceridad y profundidad, y he ahí la cuestión, admitir los límites que se anteponen en el camino y aprovechar cada opción al máximo posible. El tiempo que pasan juntos estas parejas es tan limitada que están obligadas a vivir la relación intensamente, para lo bueno y para lo malo y eso se refleja en la relación.

En pocas palabras, las prisiones constan de diferentes vías para la comunicación. Aparte de la comunicación telefónica y la postal, existen las de las visitas. Entre la comunicación personal, se distinguen por un lado la de locutorios del centro, con sus familiares acreditados y amigos previamente autorizados, y por el otro, la del cristal por medio, que la duración en ambas suele ser de 40 minutos. También existe otra vía de comunicación que es más íntima que las demás, conocida como vis a vis. La que pertenece a la familia y la que pertenece a la pareja, que la duración de éstas es de una hora y media, una vez al mes. El permiso de esta cita íntima la aprueba el/a director/a del centro, pero primero la pareja del preso/a tiene que cumplir con las normas de comunicación, que son las siguientes; Durante al menos 3 meses el/la  preso/a y su pareja deben tener relación mediante correo ordinario y  por otro lado, tienen que haber tenido una relación oficial de al menos 6 meses saliendo.

Estos encuentros íntimos suelen ser una vez al mes, con una duración de una hora y media y en un ambiente donde los vigilantes están observando. Eso hace que sean citas cortas y frías, donde hay testigos que dicen que se han sentido como prostitutas con sus parejas. No tiene que ser fácil dar y recibir afectos de cariño de tu pareja y excitarte y olvidarte de todo cuando sabes que hay vigilantes que te están observando y dispones de un tiempo limitado. Por otro lado, no es necesario/ obligatorio tener ganas para tener relaciones sexuales en el día y hora que se te ha impuesto, está todo programado. Pero claro, como es el único momento íntimo que pueden tener en todo el mes, entiendo que provoque presión y ansiedad en ambos. Habrá gente que no podrá parar de llorar en esos momentos, o personas que se pongan nerviosas y se bloqueen o tal vez, personas que se sienten como prostitutas por las frías y mecanizadas situaciones que les provocan esas circunstancias y que el sexo en estas condiciones les repugne, o les de asco.

Esa visita hay que organizarla muy bien, porque no disponen de una hora y media para la relación sexual, ya que querrán también hablar de su día a día, de lo que han hecho esas semanas, también querrán profundizar en su relación y por último hacerle un hueco al afecto físico.

Sin embargo, al salir de la cárcel, tampoco es todo un camino de rosas. Porque la /el que está fuera, proyecta la relación en el pasado, idealizando los recuerdos y recordando buenos momentos. Los que están en prisión en cambio, proyectan la relación en el futuro, imaginando qué  será de sus vidas cuando salgan de prisión.

Pero una vez fuera, tendrán que resolver y entrelazar el pasado y el futuro con el presente. La convivencia ya siendo muy complicada, imagina para dos personas que hasta entonces han tenido que enfrentarse a cada circunstancia individualmente. Así que en cuanto al futuro se enfrentan a él con incertidumbre, aunque hay que limitarse a vivir el día a día.

Aunque detrás de cada historia existen momentos complejos, son muchas las experiencias alegres y divertidas que viven también en estas situaciones. En definitiva, el día a día lo viven más intensamente que antes, sin mirar el mañana, viviendo el presente y valorando la vida de manera diferente.

 

BIBLIOGRAFÍA
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