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Orgasmo femenino: El placer desigual

Clara Font Sancho
Máster de Sexología y Género

Un poco de historia

La historia científica del orgasmo se remonta al siglo V a.C. donde el padre de la medicina, Hipócrates, afirmó que para lograr éxito en la fecundación tanto hombres como mujeres debían tener un orgasmo. Aunque esto no es técnicamente cierto, dio importancia al placer femenino, al menos, en el mismo rango que el masculino. En el siglo XVI el anatomista italiano Mateo Colombo diseca por primera vez un clítoris y lo equipara al pene en cuanto a su capacidad para entrar en erección y para producir placer sexual. A final del siglo XIX, Oskar Hertwig, entre otros, desentrañan el misterio de la procreación: el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide regido por los ciclos menstruales de la mujer. Hecho que concluye que el orgasmo femenino no interviene en esa ecuación.

Paralelamente, en algunos países se desarrolló una industria alrededor de los orgasmos femeninos como cura a la histeria que llevaban a cabo médicos con aparatos vibradores en la zona genital de las mujeres diagnosticadas. La primera mitad del siglo XX se destacó por el olvido del clítoris como pieza esencial del placer femenino en el mundo médico, llegando incluso a ser obviado en los tratados de anatomía. A principio del siglo XX tiene lugar un importante punto de inflexión con las teorías del psicólogo austríaco Sigmund Freud, que determinó dos tipos distintos de orgasmo con connotaciones diferentes. Por un lado, encontrábamos el orgasmo clitoriano –propio de una sexualidad inmadura- y por otro lado, el vaginal –obtenido gracias a la penetración vaginal y propio de mujeres que habían logrado la madurez sexual y psicológica-. Esta distinción aún perdura en el imaginario sexual de muchas personas en el presente, a pesar de que ha sido desmentido científicamente en múltiples ocasiones.

Hasta el momento solamente encontramos figuras masculinas estudiando el orgasmo femenino. Resulta curioso que tengan que ser las eminencias médicas (normalmente hombres) los que estudien, cataloguen o expliquen cómo funciona el placer en la mujer. Obviamente las mujeres podían conocer su placer y funcionamiento más allá de la versión oficial, pero no sería reconocido como un conocimiento válido a menos que el estudio fuese firmado con nombre de varón. Por suerte, esta situación fue cambiando a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Uno de los estudios más importantes que acabaron con la diferenciación freudiana del orgasmo fue el realizado por Masters y Johnson durante los años 60 en Estados Unidos. Esta dupla realizó un profundo estudio de la respuesta sexual humana, concluyendo entre otras cosas, que el clítoris es el principal responsable del placer sexual en la mujer y detallando las cuatro fases del orgasmo femenino y sus reacciones fisiológicas. El Informe Hite en los años 70 también puso en el centro del debate el orgasmo femenino con testimonios e investigación sobre la sexualidad de las mujeres. Hellen O’Connell, una médica australiana que redescubre el clítoris a final del siglo XX, o al menos, lo vuelve a incluir en los tratados de anatomía de donde había desaparecido.

¿Cómo funciona el orgasmo?

Masters y Johnson detallaron en su investigación las diferentes fases del orgasmo femenino después de haber estudiado científicamente sus respuestas fisiológicas. Otros autores han ampliado las cuatro fases clásicas, por ejemplo incluyendo al inicio la fase del deseo sexual, a partir de imágenes visuales, fantasías, percepciones sensoriales o pensamientos que estimulan el cerebro y aumentan la libido que predispone al individuo a la actividad sexual.

  • Excitación. Debido al mayor riego sanguíneo en la zona genital, hay tumescencia del clítoris y de los labios internos, la vagina se lubrica, se alarga y su tercio exterior se estrecha, el útero se eleva, también se ponen erectos los pezones, hay un aumento de la frecuencia cardíaca y de la ventilación, puede aparecer el rubor sexual.
  • Meseta. Donde todos estos cambios físicos se intensifican.
  • Donde se dan las contracciones musculares involuntarias en el útero, el esfínter anal y toda la zona perineal, a nivel hormonal se secreta oxitocina. Es la liberación de la tensión nerviosa acumulada en las fases anteriores.
  • Resolución. Hay una disminución de la congestión pelviana, se da una pérdida de la tumescencia del clítoris y labios menores, sudoración, descenso de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, secreción de prolactina. En términos generales, todo va volviendo a la normalidad y se percibe una sensación de bienestar. En el caso de las mujeres con capacidad multiorgásmica, se pueden encadenar varios orgasmos seguidos.

Estas fases representan un modelo lineal, como podemos ver en el gráfico de la derecha, pero parece obvio resaltar que no cada encuentro sexual contiene todas las fases, a veces solamente se da la excitación, en otros se llega a la meseta pero no se logra el orgasmo, etc. Podríamos decir que las fases antes mencionadas explican la respuesta fisiológica del cuerpo cuando se dan estímulos sexuales. Pero estos estímulos percibidos durante la fase de deseo o excitación tienen que ser avalados por el cerebro, podríamos decir que en última instancia es éste el órgano que permite llegar al orgasmo o decide poner freno a su proceso, así que lo podríamos considerar el órgano sexual más importante.

Muchas veces la respuesta sexual femenina (y también la masculina) se dibuja como infalible, simple y mecánica. Nada más lejos de la realidad, la sexualidad está influenciada por factores externos que escapan a las mediciones fisiológicas, ya sean culturales, ambientales, emocionales o psicológicas, complejizando y convirtiendo la sexualidad más en una respuesta cíclica que en una lineal que necesita un clima propicio para que el esquema de respuesta sexual se desarrolle.

La manera como las mujeres consiguen orgasmos es muy variada: mediante la estimulación del clítoris, de la vagina o del ano, hay algunas que lo logran a través de la estimulación de los pezones o de otras zonas erógenas menos populares, incluso hay algunas afortunadas que lo logran exclusivamente con sus pensamientos y fantasías, sin necesidad de tocar su cuerpo físicamente. Aún así, varios estudios han concluido que la manera más común y seguramente más fácil de llegar al orgasmo es a través de la estimulación del clítoris, por eso se considera como un elemento (casi) imprescindible para el goce y el orgasmo femenino.

Superada la polémica sobre el orgasmo vaginal y clitoriano creada por Freud, hoy en día se asume que el principal responsable del placer sexual femenino es el clítoris, órgano que sirve exclusivamente para disfrutar ya que tiene miles de terminaciones nerviosas y es totalmente independiente a los procesos de reproducción. Eso significa que sea cual sea la práctica sexual que se realice lo más probable es que el orgasmo lo cause la estimulación directa o indirecta del clítoris, vemos en la ilustración que a parte del capuchón visible externamente, la mayor parte de este órgano se desarrolla internamente y puede ser estimulada desde el interior de la vagina.

¿Todas tenemos orgasmos?

Teniendo en cuenta las fases de la respuesta sexual creadas por Masters y Johnson tener un orgasmo parece muy simple, pero muchas mujeres no tienen orgasmos regularmente o bien nunca los han tenido. Los datos referentes a la proporción de mujeres anorgásmicas o preorgásmicas varían mucho según las fuentes, se calcula que hay entre un 20 y un 60% de mujeres que o bien tienen dificultades para llegar al orgasmo o no lo han sentido nunca. La disparidad en los datos proviene por un lado, por la falta de estudios fiables hechos para conocer de manera objetiva la sexualidad femenina, y por otro lado, que en algunos estudios se cuenta sólo el orgasmo durante el coito vaginal, y como hemos visto en el apartado anterior, si no hay estimulación del clítoris, es menos probable llegar al orgasmo, esta asociación entre coito y orgasmo se da en múltiples estudios y revela una ideología heteronormativa y coitocéntrica que genera confusión en la manera cómo entendemos el placer e impregna con estas creencias los experimentos científicos que deberían generar conocimiento lo más neutral posible. En todo caso, sí que hay consenso en considerar la falta de orgasmo uno de los temas más recurrentes que llegan a la consulta sexológica.

¿Por qué?

En primer lugar, porque no es automático, sí que hay un reflejo automático ante un estímulo sexual, que es un aumento del flujo sanguíneo en la vagina, pero tiene que haber una autorización por parte del cerebro para que se vuelva consciente y haya una respuesta, de otro modo ni siquiera la mujer se da cuenta de ello. Necesitamos que el cerebro dé luz verde para continuar con el proceso de respuesta sexual pero puede que esté demasiado ocupado en otras cosas. Las mujeres viven una doble jornada en la sociedad occidental –dónde tienen que ser productivas en el mundo laboral y siguen cargando el mayor peso de las tareas domésticas o de cuidados- eso hace que sea más difícil deshacerse de esa carga mental y dejarse fluir lo suficiente para disfrutar al 100% de la sexualidad sin interferencias de tareas pendientes, estrés cotidiano u obligaciones laborales y familiares.

En segundo lugar, el coitocentrismo imperante juega un papel clave en esta ecuación, ya que jerarquiza las prácticas sexuales donde el coito vaginal está en la cima del podio, en detrimento del placer femenino. Ya que en varios estudios se demuestra que sin estimulación clitoriana las posibilidades de conseguir un orgasmo en las mujeres se reducen abismalmente.

En tercer lugar, por la educación represora hacia la sexualidad femenina. A parte de las diferencias fisiológicas que existen entre hombres y mujeres para acercarse al orgasmo, también encontramos diferencias notables en la educación recibida por niños y niñas con respecto a su placer, su genitalidad, el conocimiento de su cuerpo, la habilitación social o familiar a la masturbación, etc. Una de las consecuencias de esta educación ha llevado a muchas mujeres a creerse que la autoestimulación no es cosa suya, a desconocer su propio cuerpo, a no investigar qué les gusta o les disgusta sexualmente, a no indagar en sus fantasías, a no haberse mirado nunca sus genitales, a no tocarse, masturbarse, preguntarse por sus ganas, a no probar…

Algunos de los estudios que se han hecho para conocer los hábitos sexuales de las mujeres desvelan, por ejemplo, que la técnica más común de alcanzar el orgasmo entre las mujeres es la masturbación, en concreto la estimulación del clítoris y el tiempo para llegar al orgasmo son unos 4 minutos, lo mismo que tardan los hombres de media. Es más, durante el coito, la mayoría de las mujeres necesitaban estimulación directa del clítoris para alcanzar el clímax. Si la manera más común o fácil para tener orgasmos es con la masturbación estimulando el clítoris, ¿es que las mujeres no se masturban lo suficiente o no lo suficientemente bien?

El orgasmo femenino se aprende, requiere aprender la técnica que lleva a su consecución. Y para ello, es necesario conocerse, haberse tocado mucho y bien para haber podido aprender el camino o los caminos que llevan a la cima del placer. Es por eso que actualmente se considera que el porcentaje de mujeres anorgásmicas (que no pueden sentir un orgasmo por razones médicas o físicas) es ínfimo, el resto de las mujeres que no lo han tenido nunca serían preorgásmicas. Es decir, que AÚN no conocen el camino hacia él pero que no hay ningún impedimento físico para lograrlo, que una vez que lo descubran, se descubran, se podrá borrar el pre- de esta etiqueta.

Un orgasmo de segunda

En los diferentes apartados que hemos estado analizando el orgasmo femenino encontramos serias desigualdades frente a su homólogo masculino. Para empezar, la desigualdad en la investigación científica sobre el placer femenino frente al masculino demuestra que el sistema patriarcal dejó su huella para ocultar deliberadamente conocimiento científico que podía permitir a las mujeres conocer y apropiarse de su cuerpo y su placer sexual, sobre todo con el ejemplo del clítoris. El conocimiento de la fisiología del clítoris permitió comprobar que el llamado orgasmo vaginal era el resultado de la excitación del clítoris en sus ramificaciones internas, coronando a este órgano como el único cuya función actual sólo remite al placer sexual –gracias a sus miles de terminaciones nerviosas- y por lo tanto, desligándolo de cualquier vinculación con la reproducción, y también haciendo innecesaria la acción del hombre (y su pene) para lograr el clímax. Empezando una revolución sexual que impulsó la liberación sexual femenina en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, a pesar de tener este conocimiento, aún el coito vaginal es visto en muchos ámbitos como la manera “correcta” de tener sexo en las relaciones heterosexuales. Las personas que se dedican a la investigación científica denuncian una clara preferencia por financiar proyectos que ayuden a conocer y mejorar la sexualidad masculina –el caso más flagrante es el de la Viagra, dónde se desembolsaron miles de dólares para resolver médicamente la impotencia masculina- en detrimento de la femenina –dónde encontramos muy poca investigación por ejemplo en lo que se refiere al orgasmo femenino y sus posibilidades o dificultades para alcanzarlo-.

Resulta evidente que los tentáculos del patriarcado también han llegado hasta las entrañas de las mujeres. Históricamente se ha intentado que el placer femenino quedase íntimamente ligado a la reproducción –para así perpetuar su rol doméstico y de cuidadora- ya sea con la falta de investigación científica, ya sea con creencias religiosas que reprimían la exploración de la sexualidad femenina o incluso amputando sistemáticamente su órgano del placer como es el dramático caso de la mutilación genital que hoy en día sigue realizándose cotidianamente en muchos países del mundo.

Empoderarse del cuerpo

Es importante no caer en la utilización del sexo de manera finalista, es decir, cuyo único objetivo sea la consecución del orgasmo, ya que esto puede generar demasiadas expectativas, estrés e impedir el disfrute. Pero tampoco debemos menospreciar el potencial de placer que genera un orgasmo y por lo tanto, es necesario que las mujeres preorgásmicas no renuncien a alcanzar el clímax o que se resignen a tener una sexualidad mediocre.

Las causas que las expertas argumentan para explicar la preorgasmia son sobre todo psicológicas o sociales: miedos, baja autoestima, una educación represiva, falta de comunicación y poca asertividad con la pareja o algún episodio sexual traumático. A parte de aquellos casos en que sea necesaria un acompañamiento terapéutico, hay muchas mujeres que lo que las separa de su primer orgasmo es una educación sexual deficiente, el desconocimiento de su propio cuerpo y de aquello que les gusta o de la técnica específica de masturbación.

Es por eso que han surgido múltiples propuestas teóricas y prácticas para acompañar a aquellas mujeres que quieran reapropiarse de sus cuerpos, inspirándose en la pionera de los talleres orgásmicos en Estados Unidos, Betty Dodson. Ya sean talleres de autoconocimiento, de aumento de la energía sexual, páginas web con videos y consejos sobre masturbación, etc. Hay un amplio abanico de ofertas que apuntan al empoderamiento femenino del cuerpo y el placer.

De hecho, la Doctora Lonnie Barbach, quien acuñó el término preorgasmia, creó grupos de tratamiento para mujeres preorgásmicas y tuvo unas tasas de éxito (de consecución de orgasmo por parte de las participantes) que supera el 90%. Así que hablar con otras mujeres y conocerse mejor tanto emocional como físicamente ayuda realmente a tener orgasmos y esto no solo repercute en el placer sexual, sino que representa un empoderamiento del cuerpo, del deseo, del estar en el mundo, del disfrute, de lo que somos capaces y es la reconquista de aquello que nos ha sido negado u ocultado por el poder médico, la ciencia, la religión y el patriarcado. Recuperando la capacidad orgásmica estamos recuperando algo que es intrínsecamente nuestro y que nos acerca un poco más a la igualdad.

¡Mujeres del mundo, recuperemos nuestros orgasmos, no nos conformemos con menos!

 

Bibliografía

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Hite, Shere. El informe Hite: Estudio de la sexualidad femenina. Punto de Lectura, 2002.
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https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00926237408405281?journalCode=usmt20
Talleres o propuestas para conseguir o mejorar orgasmos:
https://start.omgyes.com/es
https://elmaroura.com/tantra/talleres/
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https://www.iesp.cat/tallers/taller-de-lorgasme/
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http://www.tusexosentido.com/taller-del-orgasmo/
http://www.sexoyespiritu.com/Home/taller-de-sexualidad-y-orgasmo
https://adiosanorgasmia.com/
https://vulvafuriosablog.wordpress.com/2017/08/14/sobre-mi-experiencia-en-el-taller-de-autogestion-del-goce/#more-1236

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