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Nuestro cuerpo, gran desconocido

Marina Sánchez Marina
Máster de Sexpol

En los primeros años de nuestra vida comenzamos a conocer el mundo, las personas, el entorno que nos rodea y, lo que es de fundamental importancia, comenzamos a conocer nuestro propio cuerpo. Desarrollamos la autoestima, tomamos consciencia de nuestros límites, sentimos, nos emocionamos y vivimos a través de él. Nunca va a dejar de ser así, ya somos desde nuestro cuerpo, pero durante la infancia nos encontramos en una etapa en la que lo motriz, lo sensorial y lo emocional/afectivo  lo convierten en protagonista. Las experiencias concretas son las que nos llevan a aprendizajes significativos, y resulta que nuestro propio cuerpo, siendo la parte fundamental, se convierte en el  gran desconocido.

En nuestra realidad, en una sociedad occidental /europea en la que los/as bebés pasan la mayor parte del tiempo vestidxs y con pañales,  difícilmente tienen oportunidad de conocer su cuerpo y el de los/as que le rodean, y por tanto no tienen la oportunidad de conocerse a sí mismxs. Ni siquiera en las zonas de más calor, durante el verano podemos ver a lxs más pequeños completamente desnudos de forma habitual; por higiene o por pudor, no importa el motivo, tapamos los genitales de los /as bebés y niños/as.

Resulta que las primeras experiencias las vivenciamos desde lo concreto, desde lo que vemos, tocamos, olemos, chupamos… si nuestro propio cuerpo está la mayor parte del tiempo tapado, es difícil que tengamos esas experiencias con él y de él, por tanto, una consciencia real y completa de nosotras mismas, de lo que somos, de cómo somos y, en consecuencia, de quiénes somos.

Por supuesto, todo esto se acentúa más en unas partes del cuerpo que en otras, siendo nuestros genitales zonas totalmente desconocidas hasta en las edades más avanzadas. Vulvas, penes, glúteos, están de forma continuada ocultos  por un pañal, por ropa, y descubiertos, en muchos casos,  únicamente para su limpieza. Nos dejan poco margen para sentir nuestras experiencias en torno a ellos, y comienzan, ya desde muy pequeños, a ser una zona tabú de nuestro cuerpo.

Y son sin embargo las sensaciones que nos otorga nuestra piel, nuestros sentidos, nuestras sensaciones, las que nos van a permitir conocernos y construirnos como personas, como seres sexuados. Sentir caricias, notar otra piel, ver las diferencias con otros cuerpos, explorar nuestras sensaciones, son experiencias por las que todas las personas hemos de pasar para lograr desarrollarnos de forma completa y satisfactoria.

Para obstaculizar lo menos posible el desarrollo personal, y también sexual, de las niñas y los niños, y también para conseguir una relación sana con nuestros cuerpos, es importante reflexionar sobre la carga que nuestra sociedad otorga al cuerpo, al desnudo y a los genitales. Es vital aprender a conocer, respetar y cuidarlo; de otra forma, seguiremos mirando los cuerpos como una mercancía más. Lo que reproducimos, si no ponemos consciencia, es intentar tener un cuerpo lo más parecido posible a modelos impuestos socialmente que son creados casi artificialmente, convirtiéndose una gran frustración y no aceptando la diversidad de las personas como algo bello y maravilloso. Nos preocupa más lo que se muestra que la propia salud; el conocernos es el camino para aprender a amarnos.

En mi experiencia con niños y niñas, he evidenciado que hasta ciertas edades, cerca de los 10 años, aman su cuerpo como algo valioso. Su autoestima está muy reforzada y son capaces de investigar sus propios límites y sus posibilidades, su propio esquema corporal, de explorar qué partes de su cuerpo le otorgan sensaciones placenteras y de qué formas pueden llegar a ellas. Cultivar que esas experiencias de cada niño y cada niña se dé es, sin duda, fomentar el cambio en la mirada al cuerpo.

Saber que el cuerpo que tenemos es el único que nos permite sentir, nos permite tener experiencias placenteras, nos permite ser y relacionarnos, porque somos nuestro cuerpo.

Los niños y las niñas desde que nacen van investigando, observan sus pies y sus manos, ven que se mueven y descubren que forman parte de ellas/os. A través de caricias van descubriendo dónde comienza y termina su cuerpo. Su piel, el primer sentido que desarrollan, percibe la temperatura, la textura y un sinfín de sensaciones; cuando van creciendo, pueden ver que su cuerpo es diferente al de otras personas y se despertará su curiosidad  por ver y conocer el cuerpo de otros niños y niñas. No solo hay penes, testículos y vulvas, hay formas y tamaños  diferentes, tonalidades de piel, al igual que los ojos son ojos, y son todos muy diferentes. Dar lugar a que los niños y las niñas vivan en su propia piel estas experiencias es estar evidenciando la belleza de la diversidad.

La importancia de nombrar

Sin duda, los genitales, tanto femeninos como masculinos, son las partes de nuestros cuerpos que más apodos tienen. Encontramos muchas palabras, que varían según la zona donde vivas. Lo que más llama la atención  es que resulta generalmente más cómodo llamar al ‘pene’ ‘picha’ o ‘churrilla’.  En referencia a la vulva, es tan infrecuente nombrarla, que algunas personas no conocen el nombre del genital externo de casi todas las niñas o se confunde con otras partes. La cantidad de formas de nombrar genitales no es lo que resulta especialmente preocupante, no tendría nada de malo si todas las personas conociéramos los nombre reales  y no sintiéramos reparo o pudor en decirlos.

Está claro que las zonas que han sido, y siguen siendo, zonas tabú de nuestro cuerpo, se han querido esconder. Es muy relevante acordarnos del dicho “ lo que no se nombra no existe”, porque parece que es lo que se hacía con nuestras vulvas, testículos, penes, vaginas, glúteos. El propósito de no trasmitir esos conocimientos, de trasmitir que eran zonas prohibidas, nos conducía a la ignorancia  y a continuar con inseguridad a la hora de referirnos a ellas. Y como los cambios se producen paso a paso, el hacer un esfuerzo por conocernos, por llamar las partes del cuerpo por su nombre, nos lleva a que las niñas y los niños conozcan su cuerpo en su totalidad y puedan disfrutarlo.

Porqué empezar desde la infancia

El cuerpo está estrechamente relacionado con la sexualidad de una persona, forma parte de ella. En ocasiones evidencio que las personas no ponen foco de interés en la educación sexual o de las sexualidades de las personas hasta no llegada la pubertad, que es el momento en el que aflora una necesidad urgente debido a los alteraciones hormonales y los cambios que experimentamos en esa etapa. Sin embargo, sería mejor que niños y niñas llegaran a esa etapa con un conocimiento completo de su cuerpo, experiencias sobre el placer y con confianza y seguridad para poder hablar y expresar miedos, inquietudes, dudas. No es probable, si se trata de un tema del que se habla poco o nada, que comiencen a comunicarse durante estas edades. Y es importante, no solo para la prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual, sino para que conozcan una gama amplia de posibilidades de lo que pueden ser las sexualidades, que cada una la vive de forma diferente y así, aprendan a aceptarse a sí mismas y a las demás.

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