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Erotismo: ¿Un producto que vender o que comprar?

Miren Heriz Kortabarria
Máster Sexología y Género

Una sociedad que crea un amplio mercado en base a nuestros cuerpos y deseos es poco fiable a la hora de entender si nuestros placeres son reales, son nuestros. Vivimos en un sistema que ha materializado todo lo que ha podido, llegando a pudrir sobre todo la manera de relacionarnos, lo placentero, lo erótico y lo sexual. Es un entorno tan afectado y sistematizado que es imprescindible replantearse nuestros propios deseos, nuestras maneras de buscar y de gustar. Y así, crear una nueva visión crítica sobre lo que de verdad es nuestro, sobre lo que nos pone. Una nueva visión sobre el erotismo.

Para poder entender mejor este concepto, primeramente debemos comprender el significado de su propia base, la sexualidad. Según la Organización Mundial de la Salud:

“La sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.” (OMS, 2006).

Una definición bastante completa que cuenta, como no, con conceptos que se complementan perfectamente, como el placer, el cuerpo y el erotismo. Y es que, el cuerpo es nuestra estructura física y material  que representa la totalidad. Podríamos decir que es la historia que nos sitúa en el espacio y el tiempo a partir de los diferentes modos en que ha sido percibido, interpretado y representado (García Berrocal y Pineda Lozano, 2002).

Pero no debemos simplificarlo con lo físico. Para hacernos una idea más completa podríamos mencionar a Mireia Darder (2014) y en concreto su libro Nacidas para el placer, donde nos recalca la vital importancia del cuerpo pero no entendido como algo físico o perfecto, sino como una herramienta esencial para conocer nuestra sexualidad. Porque hoy día el cuerpo ha acabado siendo un escaparate, que está disociado de nosotros en vez de lo que debería ser; una fuente de placer que nos da información sobre el “yo” más auténtico. Así, conociendo nuestro cuerpo podremos profundizar más en nuestra sexualidad y en lo que para nosotras mismas es o no erótico.

Algo tan sumamente lógico y hoy día tan difícil de entender por el mero hecho de que tratamos a nuestro cuerpo como a un simple objeto. Deseamos cuerpos casi imposibles de tener y todo porque las industrias culturales y publicitarias influyen directamente en las conductas erótico- sexuales, haciendo visible la construcción social del cuerpo (Sevilla, 2009).

Construcciones sociales que no se dan solo en el cuerpo sino también en el erotismo. Y es que, como bien cita Juan Cabrera Ramos (2013) a Elías Sevilla:

“El erotismo es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad y por tal motivo implica el paso de la naturaleza a la cultura. El erotismo es la sexualidad humanizada…Pero existe una organización social del deseo que institucionaliza la búsqueda del placer, y le asigna a la búsqueda de lo emocional o a lo erótico, un método racionalizado para acceder a tal fin.”

En esa construcción social del erotismo a la que nos referimos, nos centramos mayormente en tres pilares; el modelo sexual, el modelo de belleza y el modelo de seducción. El primer modelo podríamos decir que es la influencia de patrones de comportamientos, pensamientos y sentimientos sexuales que se transmiten continuamente. El segundo modelo, el de belleza, influencia muchísimo en la consideración de lo que es erótico o no, y es que, aunque la belleza varía  tenemos un modelo cada vez más globalizado en nuestra sociedad. El último modelo, en cambio, hace referencia a la seducción, que hoy día conocemos más como un arte traducido en diferentes lenguajes, tanto verbales como no verbales.

El erotismo, aunque abarque muchas de las características mencionadas en su propia construcción social debemos situarlo y trabajarlo como algo biopsicosocial, ya que tiene que ver con aquello que se considera erótico o no. Aspectos que influyen al erotismo y que igualmente se relacionan y afectan entre sí.

Como explica Mentxu Abril (2017), la parte biológica está formada por nuestra capacidad innata de reaccionar ante estímulos eróticos. Esa capacidad de sentir deseo es biológica pero hacia quién, dónde, cómo y cuándo es aprendido, condicionado por la sociedad. La parte psicológica tiene más que ver con nuestras características propias de personalidad, con las experiencias y aprendizajes particulares. Y es que, todos tenemos una propia cognición y una propia forma de gestionar las emociones que van a hacer que cada persona tenga una vivencia erótica particular. Por último, la parte social, se refiere a lo que aprendemos por vivir en una sociedad con una cultura, una ética, y una moral determinada sobre la sexualidad.  Todas ellas, forman lo que hoy día conocemos como erotismo.

Así, teniendo en cuenta las características mencionadas, hablamos del erotismo como un arte en el cual el placer, no solo sexual, es un fin en sí mismo como práctica y experiencia. Como explica María Laura Schaufler (2013) citando a Foucault: “El erotismo es un dominio absoluto del cuerpo, goce único, olvido del tiempo y de los límites, elixir de larga vida, exilio de la muerte y de sus amenazas.” De esta manera se aleja de la conceptualización de Freud al desligarla de una concepción de energía libidinal y de una ley absoluta de lo permitido y lo prohibido.

Por lo comentado, hoy por hoy entendemos el erotismo como un conjunto de sentimientos, actitudes, estímulos, emociones, objetos y cualidades que estimulan y expresan el deseo sexual relacionado con las fantasías, la seducción, la sensualidad, la atracción sexual y el placer.

En el erotismo aún así, debido a las influencias de modelos de sexualidad, de belleza y de seducción se crean diferentes prototipos de género, tanto masculino como femenino. Podríamos decir, que en consecuencia de la sociedad capitalista y patriarcal en la que vivimos, cada género expresa de formas muy distintas los comportamientos, actitudes y características sexuales. Mientras algunos hombres le dan importancia a la penetración algunas mujeres se centran más en las caricias, besos etc. Mientras el lenguaje de unos es directo e intimidatorio el de otras es indirecto y sugerente (Sanz, 1990).

Con estos ejemplos quiero dar a ver la importancia que tiene en nosotros el sistema en el que vivimos, ya que las diferencias que encontramos no se basan en algo biológico sino social. Un sistema que por sus características capitalistas nos convierte en meros productos.

Obviamente, en un sistema capitalista y patriarcal como el nuestro, la manipulación social estará destinada siempre a fomentar y mantener el consumismo, sea del tipo que sea y ciertamente, el erotismo, ya que una vez dejando atrás la sujeción moral, se convierte en uno de los principales medios para dirigir la conducta hacia el consumo (Torres, 2012). Y es que, en nuestra cultura, sustentada a base de negocios, el erotismo forma parte de un negocio más y depende en gran medida de los intereses económicos.

De esa manera, el sistema patriarcal y capitalista utiliza el erotismo, según Mentxu Abril (2017), como instrumento:

            “La erótica se ha convertido en un instrumento de control que se apoya en la doble moral, la hipocresía y la castración sexual para manejar a las personas hacia el mantenimiento del statu quo y el control de las pasiones para gobernarnos y dirigirnos hacia intereses creados por quienes tienen el poder. En este sentido el capitalismo saca provecho y utiliza el erotismo como instrumento para vender a la vez que producto en sí mismo.”

Se supone entonces que entendiendo el erotismo en un contexto de mercado y consumo tiene dos funciones; siendo así, un instrumento para vender a la vez que un producto en sí mismo. Creo que está más que claro que la erótica se utiliza cada vez más para vender cualquier producto; colonias, detergentes, ropa, comida etc. Me refiero a las imágenes y frases que se emplean, las que utilizan a la mujer y a su cuerpo como un simple objeto para vender cualquier producto con el que no guarde ninguna conexión.

Pero no solo hablamos de anuncios y propaganda, ya que en cuanto se refiere a erotismo el mercado ha encontrado un abanico mucho más amplio que ese, el de los objetos sexuales. Ha sido evidente el gran cambio que se ha dado en cuanto a las tiendas sexuales, y es que, mientras hace unos años se les hacían llamar “sex-shops” y se encontraban en los rincones mejor escondidos de calles secundarias, ahora son conocidas como “tiendas eróticas”, las cuales están en calles céntricas o centros comerciales.

El crecimiento del que hablamos se basa en un cambio de actitud en cuanto a la sexualidad y al placer, pero es un cambio diría más simbólico que real. Y es que, aunque a primera vista parezca que algo ha cambiado todo sigue igual, la clientela de esas tiendas sigue teniendo el mismo prototipo; heterosexual, joven y de raza caucásica. Porque, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Los productos eróticos de los que hablamos entonces, entendemos que no se han creado con el fin del verdadero bienestar sexual de los ciudadanos, ya que el mercado ha encontrado una nueva mina de oro en nosotros, el goce sexual.

Por todo lo comentado creo que  el erotismo es un claro medio producto, ya sea la que utilizan los medios o bien los objetos eróticos que se venden en las tiendas. El erotismo se está utilizando continuamente pero siempre para poder vender algo más. En mi opinión no se vende erotismo ni lo erótico, sino lo que cada uno cree que eso puede conllevar. Es decir, que mientras lo erótico es utilizado para llamar nuestra atención, lo que de verdad nos atrapa es la sexualidad, algo tan explícito como la pornografía.

De esta manera, afirmando que la erótica o el erotismo es un medio producto, por ahora no ha llegado a ser un producto final, por el mero hecho de que lo que de verdad nos satisface en este sistema capitalista y patriarcal es el consumo y la “falsa” libertad que ello nos produce. Por ello, cada vez nos sentimos más libres, más libres para comprar.

En modo de conclusión creo que tendríamos que hacer hincapié en investigar lo que de verdad nos gusta, nos pone y nos hace desconectar. Deberíamos intentar conocer de verdad nuestro cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Así, dejaríamos de comprar tantos objetos eróticos para poder satisfacer necesidades que con meros objetos no lograremos cubrir. Ya que para solucionar un problema debemos saber cuál es. Y aunque sea algo muy difícil, por no decir imposible, que el mercado deje de utilizar nuestros cuerpos, nuestros deseos y placeres como simples productos, para dar los primeros pasos veo necesario por ejemplo crear más talleres de autoconocimiento. Sería una de las soluciones u opciones que creo viables y efectivas.

Momentos donde descubrir nuestro “yo” más real y donde crear el verdadero significado de nuestro erotismo, dejando de lado el erotismo consumista, el medio producto o el siguiente producto final.

Bibliografía
Abril, M. (2017). Máster en Sexología y Género. Erotismo, Cuerpo y Placer. Madrid: Fundación Sexpol, pp.161-184.
Cabrera Ramos, J. (2013). La construcción social del deseo erótico en espacios de sociabilidad y ocio homosexual en Cali. Universidad del Valle, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Colombia. pp. 19-20. http://bibliotecadigital.univalle.edu.co/bitstream/10893/5659/1/0461896-p.pdf
Darder, M. (2014). Nacidas para el placer. 1. edición. Barcelona: Rigden.
García Berrocal, Mª L. y Pineda Lozano, M. (2002). Creación Positiva. Placeres. Barcelona. http://creacionpositiva.org/banco-de-recursos/MALETA%20SRTA%20CRESPIS/06-def.pdf
Organización mundial de la salud. (2006). Concepto de sexualidad. AMSAFE. http://www.amsafelacapital.org.ar/2016/amsafe_va_a_la_escuela/esi/02-definicion_sexualidad.pdf
Sanz, F. (1990). Psicoerotismo femenino y masculino para unas relaciones placenteras, autónomas y justas (5th ed.). Barcelona: Kairós.
Schaufler, M. (2013). Erotismo y sexualidad: Eros o ars erótica. Foucault frente a Marcuse y Freud*. Consejo Latinoamericano De Ciencias Sociales, 2. http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/ces-unne/20141001052706/Schaufler.pdf
Sevilla, A. (2009). Cuerpo, Consumo y Placer. Razón y Palabra, [online] (69), pp.1-9. http://www.razonypalabra.org.mx/CUERPO%20CONSUMO%20Y%20PLACER.pdf
Torres Cazallas, B. (2012). La construcción social del erotismo y del placer sexual. Antropología, Artículo Científico, Sexología. www.blancatorres.org/2012/01/08/la-construccion-social-del-erotismo-y-del-placer-sexual/

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