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De bujarronas a peligrosas. Que vuestro nombre no se olvide

María Viñal González
Master en Sexología y Género

“Lo más revolucionario que una persona puede hacer es decir siempre en voz alta lo que realmente está ocurriendo” – Rosa Luxemburgo.

“Que mi nombre no se borre en la Historia”, con estas palabras cerraba Julia Conesa, una de las Trece Rosas, su carta de despedida poco antes de ser fusilada por el régimen franquista en la madrugada del 5 de agosto de 1939. Ese último deseo de Julia no hace sino recordarnos los muchos nombres que la Historia ha olvidado. Grandes ríos de tinta se han escrito sobre los “ilustres” hombres de la Historia, también desde hace varias décadas la historiografía se ha encargado de dar voz a los “nadie”, como diría Salvador Allende. Incluso contamos con una, cada vez más amplia, batería de libros sobre la historia de la diversidad sexual, algunos de ellos en forma de tesis doctoral. Sin embargo, todas las obras que abarcan el tema tienen algo en común: la ausencia de la historia de la lesbiana.

¿No había lesbianas en el siglo XVII o en pleno siglo XX? En este artículo queremos recordar el nombre de algunas de ellas, de aquellas mujeres que fueron capaces de desviarse de la norma heterosexual y que en muchos casos, les costó la vida.

“Bujarronas con dildos del siglo XVII”

En la España de Felipe III dos mujeres eran juzgadas por sodomía, Inés de Santa Cruz y Catalina Ledesma. La primera se trata de una monja culta de familia influyente en la Cancillería de Valladolid, mientras que Catalina era sirvienta, analfabeta y, además, casada. Dos personas de distinto estamento juntas y, sobre todo, lesbianas. Consiguieron romper las normas impuestas por la sociedad de su tiempo y que triunfara su deseo.

La historia de Inés y Catalina se puede construir fielmente gracias a la aparición en el Archivo de Simancas de un legajo con una condena por el Tribunal de la Santa Inquisición en 1601. En realidad se trata de dos procesos, uno en 1601 y otro más largo y traumático entre los años 1603 y 1606.

En la condena se recoge la relación y las prácticas entre las “bujarronas”, término de la época para referirse a las lesbianas. Otro dato interesante que se saca del documento es que empleaban dildos para darse placer; “trataba la una a la otra con un artificio de caña en forma de natura de hombre”. Según la sentencia, las personas que las conocían sabían de ese hecho por lo que las llamaban “las cañitas”. Figuran también en los archivos capítulos de celos y enfados entre ambas, por lo que sabemos la relación no era solo sexual, sino también sentimental.

Fueron condenadas a latigazos en varias ocasiones pero ellas siempre volvían a juntarse hasta que fueron condenadas a destierro que terminó en 1625 con el perdón real. El motivo de que no fueran castigadas con la violencia propia de la Inquisición se debe a la situación privilegiada de Inés, que si bien les permitió escapar de la muerte, no impidió que finalmente las separaran siendo Catalina obligada a vivir con su marido.

En definitiva, dos mujeres que en 1601 se atrevieron a romper con la heterosexualidad, con las relaciones interestamentales, a cometer adulterio (Inés casada con Dios y Catalina con un hombre) y, además, a satisfacer su deseo sexual incluso con el empleo de dildos, todo ello en el marco de una época en la que solo se tenía sexo para procrear. Inés y Catalina, dos tempranas transgresoras.

Una boda lésbica en la Galicia de 1901

Durante la regencia de María Cristina de Habsburgo (Alfonso XIII cumpliría la mayoría de edad en 1902), un acontecimiento único en la historia iba a tener lugar en tierras gallegas. El 8 de junio de 1901 Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas se unían en “santo matrimonio” en la iglesia coruñesa de San Jorge. Estas dos mujeres, maestras de profesión, pretendieron engañar al sistema para conseguir los derechos de los que gozaban las parejas heterosexuales. Como las/os lectores ya habrán supuesto, una de ellas se hizo pasar por hombre y así consta en el acta de matrimonio: Mario y Marcela. Elisa, días antes de la boda, se hizo pasar por un hombre para pedir al párroco que lo bautizara pues, su padre, era ateo y no le bautizó. El párroco Cortiella, que no se percató de que era una mujer, facilitó los trámites para que el 26 de mayo Mario fuera bautizado y además hiciera la comunión. Apenas quince días después le casaría con su amada. La transformación de Elisa tan solo unos días antes de la boda nos indica que adoptó el rol de la masculinidad vistiendo con trajes de hombre con el objetivo de poder contraer matrimonio. No tratándose así de una transexualidad como indican algunos autores, sino de una expresión de género masculina como mera supervivencia.

Ambas continuaron sus vidas juntas, como maestras, pero una sociedad embriagada de catolicismo y de temor hacia lo diferente estalló y tras ser puestas en orden y captura, las maestras huyeron a Portugal. Allí fueron encarceladas y, no con pocas torturas, liberadas. Se sabe que vivieron en Argentina, probablemente tras la salida de prisión, y que llegaron al país con una niña que habría dado a luz Marcela. Tramaron una nueva estrategia para poder estar juntas, de nuevo jugando con su identidad. Marcela pasó a ser Carmen y Elisa sería María, quien se casó con un anciano adinerado. Éste, al ver la reiterada negativa de María a tener sexo con él, acabó descubriendo que era la mujer que había salido en los periódicos meses antes, pues la noticia de Elisa y Marcela había cruzado el charco.

En 1904 ambas fueron juzgadas. La justicia argentina, sin saberlo y probablemente sin quererlo, dio esperanza a las personas no heterosexuales de la época ya que, reconoció el matrimonio de Marcela y Elisa al haberse producido teóricamente entre un hombre y una mujer. El final de sus vidas es incierto. Mucho se ha especulado, todo indica un final temprano de la vida de Elisa, no se sabe si por enfermedad o por suicidio. Pero más allá de las elucubraciones lo importante es el ejemplo que ambas mujeres nos legan.

Más allá de lo novelesco de esta historia, la conocida vida de las maestras nos invita a reflexionar, ¿fueron Marcela y Elisa una excepción al llevar su relación hasta el altar o, por el contrario, lo fueron por ser descubiertas? Conocemos la vida de Elisa y Marcela únicamente gracias a la prensa y a las sentencias, si no hubieran sido descubiertas probablemente no estaríamos escribiendo sobre ellas, lo que nos hace pensar en las muchas historias que la ausencia de fuentes no nos permite conocer, la historia de aquellas valientes que burlaron el sistema sin ser descubiertas y se atrevieron, no sin riesgos, a vivir, sentir/se y amar como ellas eligieron.

Las lesbianas de Franco; de delincuentes a peligrosas

Podríamos concluir este artículo recordando la historia de algunas lesbianas que intentaron disfrutar de su sexualidad y elegir su orientación sexual en pleno apogeo franquista. Por ejemplo, un grupo de amigas lesbianas entre las que se encuentran Galli y Tina y que en los años cincuenta se reunían para pasar tiempo juntas (la foto que adjuntamos es de una excursión que realizaron en 1952). No menos interesante es la historia de dos lesbianas gitanas que dejaron su ciudad para huir de una muerte casi segura. Otra historia es la de María Elena N. G., detenida en 1968 por salir de fiesta “como si de un hombre se tratara”. Rompía no solo con la orientación sexual que la sociedad le tenía destinada sino también con el rol de género. Son muchos los nombres propios que podemos mencionar, sin embargo, optamos por hablar de las lesbianas de Franco, de cómo el dictador organizó un sistema de represión hacia toda desviación sexual.

Son todavía escasas las investigaciones sobre las lesbianas en la dictadura ya que los investigadores alegan insuficiencia de pruebas para rastrear la represión ejercida contra la mujer homosexual. Afortunadamente, la lenta pero progresiva apertura de archivos nos permite constatar que en la práctica, la mujer lesbiana fue sometida a la misma represión que el “sarasa”. ¿Cómo intentó Franco limpiar su España de “desviados”? Mediante un estudiado y no arbitrario sistema represivo. Psiquiatras como Vallejo Nágera y posteriormente el aclamado López Ibor proporcionaron a Franco la base científica para condenar al homosexual, considerándolo primeramente un delincuente. De este modo en 1954 se añade el término “homosexuales” a la Ley de Vagos y Maleantes. Cuando López Ibor los clasificó como “enfermos” a los que había que “sanar” mediante lobotomías, pasaron a ser juzgados por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1972. A la psiquiatría y la legislación se unen otros dos pilares; la Iglesia y el papel de una sociedad vigilada y vigilante.

De poco sirvieron los esfuerzos del dictador. Una fuente histórica muy ilustrativa de la situación es el estudio que el médico Serrano Vicéns llevó a cabo entre sus pacientes mujeres en la década de los sesenta, concluyendo que el 56% había tenido relaciones con una sola mujer mientras que el 44% restante con varias. Un elevado porcentaje que alcanzaba el 80% tuvo el deseo de practicar actos homosexuales, sin embargo, no se atrevieron a dar el primer paso pese a saber que no serían rechazadas[1].

En definitiva, dijo la famosa Audrey Hepburn, “vivir es como avanzar por un museo: es luego cuando empiezas a entender lo que has visto”. Nosotras, hombres y mujeres, todavía tenemos que “construir” ese museo, ese capítulo de nuestra historia, dando voz no solo a los hombres sino también a las mujeres que, por no tener la orientación sexual y/o género que la sociedad deseaba, fueron estigmatizadas y condenadas. Conocer su historia significa no solo entender nuestro presente, también constituir una sociedad comprometida y sanada de las heridas del pasado. “Qué vuestro nombre no se olvide”.

            Bibliografía:
            ARNALTE, Arturo: Redada de violetas. La represión de los homosexuales durante el franquismo. Madrid, La Esfera de los Libros, 2003.
            DE GABRIEL, Narciso: Elisa y Marcela. Más allá de los hombres. Barcelona, Libros del silencio, 2010.
            GARZA CARVAJAL, Federico: Las cañitas. Un proceso por lesbianismo a principios del siglo XVII. Palencia, Simancas Ediciones, 2012.
            OSBORNE, Raquel (ed.): Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad 1930 – 1980. Madrid, Fundamentos, 2012.
            SERRANO VICÉNS, Ramón: La Sexualidad Femenina. Una investigación estadística y psíquica directa. Madrid, Ediciones Júcar, 1975.
[1] SERRANO VICÉNS, Ramón: La Sexualidad Femenina. Una investigación estadística y psíquica directa. Madrid, Ediciones Júcar, 1975, pp. 79-83.

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