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Analizando el “punto P”

Patricia Canals
Máster en Terapia Sexual y de Pareja

 

En nuestra sociedad, son muchos los hombres (especialmente aquellos que se definen como heterosexuales) que siguen resistiéndose a abrir sus mentes a nuevas prácticas sexuales que vayan más allá del coito normativo (como fin de todo encuentro sexual), como puede ser el sexo anal, por miedo a ser etiquetados -no solo por la sociedad en sí, no por ellos mismos- de homosexuales (a todo esto, ¿qué más da la orientación del deseo sexual para experimentar con tu cuerpo? Si es que existe tal categoría…).

Sin embargo, cada vez más son ellos los que quieren experimentar y piden a sus parejas que les estimulen analmente. Como refiere Sandra Lustgarten (psicóloga y sexóloga) “el hombre está empezando a aceptar juegos que no condicen con la masculinidad de antaño”.

En este sentido, este hecho, además de promover un leve distanciamiento del mundo falocéntrico, sutilmente genera también un sentimiento de igualdad entre la pareja heterosexual, dejando de lado los roles tradicionales hegemónicos de hombre-activo-dador y mujer-pasiva-receptora y aumentando a nivel de pareja la confianza entre los miembros de la relación al promover la función comunicativa y de placer.

¿Cómo localizar e identificar el “punto P”?

La próstata es una glándula, de unos 3 cm de diámetro, situada debajo de la vejiga y delante del recto (en la parte final del intestino grueso) que además de su propia función fisiológica se considera una zona erógena dado que se trata de una área sensible e irrigada de nervios que estimulada genera sensaciones agradables y placenteras. Es más, se habla de que potencia la sensación subjetiva del orgasmo.

Dicha región se puede localizar a unos 5-7 cm dentro del ano. Si pudiésemos hacer un símil, la próstata se asemejaría a una nuez, tanto en tamaño como en la forma y se puede notar que al tacto es una zona más áspera/rugosa y abultada.

No debemos dejar de lado la zona perineal (que va entre los testículos y el ano) y la entrada del ano, que también es una zona sensible y da mucho juego erótico.

¿Cómo se puede estimular?

La zona perineal y anal se puede estimular de diferentes maneras. En pocas palabras, se puede realizar de manera externa o interna (que sería la estimulación directa de la próstata).

Por una parte, la estimulación externa puede realizarse sencillamente masajeando y presionado con los dedos o con la lengua rodeando el ano o la piel del perineo. Ésta última práctica es también conocida como Rim Job.

Por la otra, de forma interna, que es la manera en la que se estimula directamente la próstata, se puede llevar a cabo mediante la introducción del dedo ligeramente curvado o un juguete erótico diseñado con una curvatura en dirección hacia el hueso púbico.

¿Algunos consejos?

El sexo anal (tanto en hombres como en mujeres) no es un acto espontaneo ya que requiere cierta preparación; por lo tanto, la clave es la comunicación. Y no solo durante el encuentro sino en general es importante saber expresar los deseos de cada uno, las fantasías, lo que apetece y lo que no.

Es bastante habitual comenzar a explorar por nuestra cuenta para conocer nuestros límites a través de la masturbación; de esta forma la persona se acostumbra progresivamente a las nuevas sensaciones y es consciente de aquello que le gusta y le excita más (para poder transmitirlo al otro miembro).

Una vez hablado el deseo de experimentar y explorar la zona anal, el primer acercamiento puede realizarse empezando en primer lugar con un masaje perineal y poco a poco acercarse con los dedos o la boca a la entrada del ano, para que ambos se sientan cómodos. Dando un masaje en la zona anal con las yemas de los dedos presionando ligeramente o con la lengua.

A continuación, un escalón más sería insertar uno de los dedos (índice o anular) ligeramente curvado y siempre con algo de lubricante. Y en todo momento sin forzar y en un ambiente relajado.

Una recomendación es que se empiece a explorar la zona de la próstata, a través de la penetración, una vez que se alcanza cierta excitación. Durante la excitación, junto con la erección, la próstata también se va engrosando y se vuelve más sensible y firme por lo que será más fácil hallar la zona (se hace más palpable) y se siente más la estimulación.

Cabe mencionar que la estimulación, una vez localizada la zona, debería ser de vaivén, es decir, en dirección al pubis (hacia delante y arriba) de detrás hacia delante poniendo un poco de presión y variando el ritmo de la velocidad.

Si vemos que aún y estar relajados existe cierto dolor o cuesta la penetración se puede incluir algún tipo de lubricante, crema o aerosol que lleve un leve anestésico de la zona o relajante muscular que la insensibilice o incluso que lleve algún componente vasodilatador que facilite la penetración.

A partir de ahí se puede ir probando con una inserción más profunda de dedos o incluso usando diferentes juguetes eróticos y cambiando la postura, por ejemplo, él colocándose boca abajo de cuatro patas. A la vez que se estimula la zona anal también se puede probar a estimular el pene con las manos o practicando una felación mientras se insertan dedos o juguete.

Prueba con juguetes eróticos:

Existe una gran variedad de juguetes eróticos diseñados para la estimulación anal. Por lo general suelen presentar un curvatura o engrosamiento final que incide en la zona prostática.

Por una parte, tendríamos los Buttplugs o tapones anales que serían dildos (con o sin vibración y con o sin anilla) pero mucho más cortos y presentan un tope final para evitar la inserción total en el recto. Además son muy cómodos y fáciles de utilizar tanto en masturbación como en pareja. También tendríamos masajeadores/estimuladores prostáticos (con o sin vibración) y las bolas tailandesas y la electroestimulción, que mediante impulsos eléctricos controlados provoca contracciones o sensación de cosquilleo en la zona.

Además de los juguetes en sí mismos también encontramos los dilatadores anales, que pueden ser dildos de tamaños progresivos o un aparato con una pequeña bomba manual o automática y un tubo que da a un “globo” que uno mismo puede ir apretando (una vez insertado en el recto) hasta lograr la dilatación deseada

Lubricación y otros consejos prácticos:

Aparte de los aparatos de estimulación se recomienda el uso de lubricantes. Estos pueden ser tanto de base acuosa o de silicona. Los de silicona tienen un poder deslizante mayor pero siempre que se utilicen juguetes cuyo material sea silicona, en este caso siempre se deben utilizar lubricantes a base de agua ya que con los de silicona se puede deteriorar el material del propio juguete.

Si además de lubricar se quiere relajar la zona, encontramos en el mercado una gama de productos y lubricantes que llevan componentes con el fin de hidratar (como por ejemplo el aloe vera), de relajar (como los que llevan jojoba) y anestesiar o insensibilizar (que puede ser en formato gel, spray o cremas). También, si se está pensando en inserciones más prominentes o simplemente se desea facilitar la penetración lo que existen son productos vasodilatadores locales. A todo esto, existen unos aplicadores de lubricante con un pequeño tubo para poder acceder y aplicar el lubricante “en profundidad”.

En cuanto a la higiene, para eliminar cualquier remanente y no encontrarse con “sorpresas” lo que se recomienda son las duchas anales. Normalmente son como unas peras de plástico o silicona flexibles con una cánula de forma que rellenas de agua el pequeño depósito y en la ducha puedes aplicártela a modo de enema para eliminar cualquier rastro. Otra opción son los apliques que existen para la ducha, que se enroscan directamente en la manguera de la ducha y aprovechas la presión del agua.

En pocas palabras…

Creo que el sexo anal, especial mención a los heterosexuales y parejas de esta orientación, nos iguala a todos a un mismo nivel empoderando a la mujer con un papel más activo en la relación sexual. Además de que rompe esquemas, ayudando a quitar prejuicios, mitos y tabúes.

Las que nos dedicamos al ámbito de la sexualidad, educadoras, sexólogas y terapeutas sexuales, deberíamos animar a hombres y a mujeres a experimentar de forma anal (masculino) y cualquier otra práctica que, de forma consentida y tomando precaución, vaya más allá del coito vaginal y que desmonte definitivamente el absurdo concepto de “los preliminares”.

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